Los estudiantes de medicina recién recibidos son obligados a trabajar más de 100 horas semanales y 36 horas seguidas. Esto no sólo es peligroso para su propia salud, sino para los pacientes que están su cargo. Estudiaron seis o siete años, pero cobran cuatro pesos la hora y hacen el trabajo que los médicos no quieren hacer. Aquí te contamos cómo viven.

En la Argentina se trabaja mucho; al menos, quienes tienen trabajo. Si uno trabaja demasiadas horas la calidad de su laburo tenderá a disminuir. Un vendedor de zapatos no vende de la misma manera cuando empieza el día, que cuando está terminando. Si ya está cansado y con ganas de ver a sus hijos, difícilmente le tenga paciencia a un cliente que quiere ver 20 modelos de calzado. Pero en definitiva, si él labura con menos ganas, no es tan grave. Le hará ganar menos plata al dueño del local, pero nadie se muere en el camino. Pero no en todas las profesiones pasa lo mismo.

Adrián es residente médico en una de las clínicas privadas más prestigiosas de la ciudad de Buenos Aires. Esta es su jornada de trabajo. [1] De lunes a viernes ingresa a las 6 de la mañana y hace el primer relevamiento de pacientes. A eso de las ocho van llegando los médicos a los que tiene que pasar el informe. Según el día se va entre las ocho y las 10 de la noche: total entre 14 y 16 horas

Según el reglamento, siempre debe haber un residente de primer año en la sala de recepción de nuevos pacientes. Y si hay una operación, es obligatorio que otro residente esté en el quirófano. Como son sólo dos –que además tienen pacientes a cargo- casi no tienen tiempo de descanso en esas 16 horas. Basta que uno tenga que ver un paciente, para que el otro deba quedarse en la sala de recepción. “Tengo que pedirme un sándwich y comerlo en el pasillo entre paciente y paciente”, cuenta Adrián respecto a su almuerzo.

16 horas sin descanso… ¿suena intenso, no? Pero aunque la situación es mala, tampoco es tan grave hasta acá. Y hasta puede ser tolerable el hecho de que, además de las 16 horas de lunes a viernes, también tiene que ir los sábados de 7 a 13. Pero el tema se agudiza cuando se agregan las guardias. Dos veces por semana tiene guardias obligatorias toda la noche. Es decir, que por ejemplo el jueves en lugar de irse a las 22, tiene que quedarse hasta las ocho de la mañana del día siguiente. “Bueno, pero tampoco es tan grave, ¿quién no ha hecho alguna vez jornadas de 24 horitas seguidas en alguna entrega?”. Pero acá no termina. Porque cuando concluye sus guardias a las ocho de la mañana, empieza su turno en el sanatorio hasta las 20 o 22 del día siguiente. Es decir, que Adrián dos veces por semana trabaja entre 36 y 40 horas segundas.

La residencia médica es una instancia de aprendizaje, posterior a la recepción del título. En general, cuando un médico egresa sale con conocimientos mínimos; mucha teoría, pero poca práctica. Para poder atender pacientes, entonces, deben especializarse y empezar a practicar en el campo de juego las cosas que fueron aprendiendo.

Para eso, se creó un sistema de formación llamado “residencia”, que supuestamente es para que los principiantes aprendan a ejercer la medicina en el marco de una especialidad. Pero como sucede con muchas cosas, en un país en crisis perpetua, el sistema se desvirtuó por falta de recursos: hoy en la mayoría de los casos los residentes no son ayudantes prescindibles, sino que tienen iguales responsabilidades que los médicos, con el agregado de que hacen toda la tarea difícil que éstos no quieren hacer. Mientras aprenden, son sus pequeños esclavos. ¿Cuánto cobran por este trabajo profesional de 100 horas semanales? Aquellos que recalaron en un hospital público tienen la suerte de recibir 2200 pesos (730U$S); en un sanatorio privado promedian los 1700 pesos (566U$S); esto representa entre cuatro y cinco pesos la hora.

Para que te des una idea, el alquiler de un departamento de un ambiente en un barrio medio de la Ciudad de Buenos Aires cuesta 1000, con servicios incluidos. Es decir, que el sueldo no alcanza para la manutención de estos profesionales de la salud. Según cuentan los residentes, cuando ellos reclaman aumentos, la respuesta de los directores de los hospitales es “¿Qué quieren? Si ustedes se están formando?”. Lo que no visualizan es que todos los residentes son médicos recibidos, y que –pasados los primeros meses- terminan estando solos a cargo de los pacientes. La residencia dura cuatro años.

Es importante aclarar que para acceder a la residencia hay que pasar un durísimo examen. Si no se ingresa, se debe hacer la “concurrencia”. Los concurrentes tienen casi las mismas obligaciones pero no cobran un peso. Si no se practica en alguna de estas dos modalidades, no se puede ejercer la medicina, por más que ya se tenga el título.

A diferencia del vendedor de zapatos (o el periodista), el médico tiene a su cargo vidas humanas. Un error suyo, no es igual que un error de un administrativo. ¿Cómo atiende a sus pacientes un profesional que hace 40 horas que no duerme? “Te soy sincero –me confiesa Damián que está pasando por ese trance-. Llega un momento en que no te importa si se te muere alguien. Lo único que querés es dormir y que no te hinchen”. Lindo que te atiendan así, ¿no?

“Si estoy en operaciones los días posteriores a las guardias, le tengo que pedir a alguna enfermera que me mire a ver si no me quedo dormido. Y ellas me patean, por debajo de la camilla, si se me cierran los ojos”, cuenta Adrián.

Damián, insiste con los riesgos que implica tener a la gente trabajando de esa manera. No sólo afecta a la salud de los pacientes. “El otro día una compañera estaba sacando sangre a un paciente y del sueño se terminó pinchando ella. Rápidamente hubo que hacerle un análisis de SIDA y otras enfermedades. Por suerte, estaba todo bien, pero podría haber terminado en tragedia”, dice.

Todos coinciden en que las guardias son importantes, y que es uno de los momentos en que más se aprende. María, que acaba de terminar su proceso de residencia ejemplifica. “En la residencia de cirugía, el residente de primer año aprender a operar de apéndice en las guardias porque las programadas del servicio siempre las llevan a cabo los médicos de planta o los residentes superiores. Lo mismo pasa con traumatología o clínica médica, donde el residente puede practicar los métodos invasivos… el equipo de guardia de cada dia se encarga de las urgencias”, cuenta.

Sin embargo, más allá de que María y todos los consultados coinciden con que las guardias son una gran experiencia, dicen que se deberían generar mecanismos para cuidar a los residentes. “Lo más feo de las guardias, no es que tenés que estar despierto muchas horas, ni que trabajás exigido y rápido –describe María-. Lo peor es el día siguiente. En Argentina, como país subdesarrollado que somos, tenés que trabajar como si hubieses estado en tu casa y descansado, como todas las noches que no estás de guardia… Totalmente un extremo”. Ella también reconoce que eso genera descuidos por parte de los médicos: “En general, cosas pequeñas que tuvieron que ser hechas y por el cansancio fueron olvidadas: pedir algo a un laboratorio, agregar alguna indicación, pedir algún medicamento…”.

Detrás del problema de la residencia existe un problema político sistémico. Cuando el médico ingresa en primer año, todo es nuevo y tiene que aprender. Imposible rebelarse si quiere llegar a algo en esta carrera. Además, cualquier tipo de organización sindical requiere de tiempo. Y los residentes sólo están fuera del hospital 70 horas por semana en las que tienen que dormir, comer, bañarse, vivir…

Y cuando terminan la residencia, lo único que quieren hacer es olvidarse de ella y poder continuar con su vida cotidiana. Nadie mueve un pelo para que mejoren las condiciones laborales de las generaciones que siguen. Es más, conviene que trabajen 12 horas por día para sacarles trabajo a ellos, que ahora son médicos. Un sistema bastante perverso.

¿Cómo se revierte? Sebastián, que ya pasó ese proceso en Córdoba, asegura: “Las guardias deberían ser de 12 horas o que el día después de la persona no tenga que ir al hospital”. Mientras tanto, Sebastián recomienda tomárselo con calma: “Todo depende de cómo te lo tomes. Puede ser algo lindo o algo hartante. Los días de guardia pueden ser interminables, especialmente para los médicos clínicos. Pero también se puede ver cómo un momento lindo, en que todos los médicos comen juntos o suceden amoríos interesantes”, dice.

La coincidencia es que se debe mejorar el reglamento. O peor, hacerlo cumplir: porque supuestamente, muchas de esas prácticas están prohibidas.

+Info

Dos artículos acerca de las residencias médicas:

Residencias médicas, cosa de mujeres

Demandas por mala praxis a residentes médicos

[1] Los nombres mencionados en esta nota fueron modificados, para proteger a los entrevistados, que pidieron no figurar, dado que la mayoría está haciendo sus primeras armas en su profesión