Jack El Destripador es el caso emblemático, pero luego lo siguieron otros que también fueron llevados a la pantalla grande. Se trata de personas que comenten una sucesión de crímenes con motivaciones difusas. ¿Qué hay detrás de la psiquis de un asesino serial? ¿Qué hay detrás de nuestra psiquis que hace que estos temas morbosos nos interesen tanto? ¿Cómo es el fenómeno en América Latina? Opinan un psicólogo forense y un cineasta.

Asesinatos por placer, series de crímenes con fines desconocidos, ausencia de tabúes sociales. Los casos policiales sobre asesinos seriales despiertan el interés de la opinión pública y producen fascinación ¿Por qué aparece esta necesidad de adentrarse en este tipo de historias donde lo prohibido parece haber estallado?

En el cine

Próximamente, se estrenará un film basado en la historia de “El petiso orejudo”, Cayetano Santos Godino, un asesino serial que vivió entre 1896 y 1944 en Argentina; y fue responsable por la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios. Filmada en el país y coproducida con España –donde fue estrenada en mayo- la película promete una lectura profunda sobre el fenómeno y sus aristas. Christian Busquier, guionista de “El niño de barro”, habla sobre su investigación para desarrollar del guión y la metáfora que sobrevuela el largometraje.Clickeá acá para leer la entrevista

“Aunque sea difícil de reconocer, nadie se acerca a algo que le es totalmente ajeno”, explica Luis Disanto, psicólogo especializado en investigación científica del delito. “Entre las peores fantasías de un perverso y las nuestras no hay diferencia, pero sí la hay en la posibilidad de concretarlas. Estos casos permiten horrorizarse desde un lugar seguro, producen fascinación y también algo hipnótico”, continúa.

Según el especialista, desde el Antiguo Testamento pueden rastrearse casos de asesinos seriales. También los hubo en la edad media, entre gente vinculada con la nobleza. En la modernidad el caso más resonante se dio en 1888, con Jack el Destripador. Sin embargo, “como fenómeno parece que es nuevo, se lo denomina así desde hace cuarenta años”, dice Disanto. En el momento en que se comenzó a estudiar sistemáticamente -en los ’70- habían surgido distintas olas de asesinatos en los Estados Unidos.

-¿Cómo es el fenómeno de los asesinos seriales en Latinoamérica?- preguntó Opinión Sur Joven al psicólogo.
-En Argentina el primer caso es de 1899, Cayetano Grossi, un inmigrante italiano que mataba a los hijos recién nacidos que tenía con las hijas de su pareja, una cuestión incestuosa. Luego, en 1912, aparece el emblemático criminal Cayetano Santos Godino, mejor conocido como “El petiso orejudo” (ver “Entrevista al uno de los guionistas de una película alusiva) En Colombia se dio el caso del homicida más prolífico: Luís Alfredo Garabito Cubillos mató cerca de 220 personas. Llevaba los chicos a un descampado, ahí los torturaba, los abusaba y los mataba ¿Por qué pudo matar a tantos chicos? Porque la sociedad colombiana es absolutamente desmesurada, por la guerrilla, el narcotráfico, los paramilitares… Estos muertos pasaban dentro del número general. El fenómeno en Latinoamérica existe pero está el prejuicio de que es propio de la cultura anglosajona.

-¿Con cuántos asesinatos alguien comienza a ser considerado un asesino serial?
-La definición del FBI dice que se necesitan tres muertes separadas por un tiempo. Otros dicen que con dos alcanza, o que si alguien mató a una persona y quiso asesinar a otra pero no lo hizo puede considerarse una serialidad en potencia. El tema es ver también la motivación en juego, que siempre es muy subjetiva, por eso es tan difícil resolverlos: no hay una relación entre víctima y victimario.

-¿La situación social contribuye en que aparezcan más casos?
-La humanidad ya no es la misma después de la Segunda Guerra Mundial. La idea del Holocausto, de desaparecer y destruir a alguien mediante una maquinaria estatal no tenía antecedentes. Hoy estamos viviendo en la época del ser humano psicopático: muy ocupado en sí mismo, todo es muy fugaz, las identificaciones son muy lábiles. Pero eso no explica por qué surge la serialidad.

Características de los “Serial Killers”

La pregunta que tortura a los catedráticos modernos es si estos “seres”, que logran cometer delitos atroces, tienen características comunes con el resto de la población, o si simplemente son “excepciones” monstruosas.

-¿Al analizar los casos que se conocen sobre asesinos seriales se encuentran rasgos que se repiten?
-Hay antecedentes personales y familiares que se reiteran: abuso psíquico, físico o sexual; historias de vida en la adolescencia problemáticas; familias disfuncionales y violencia familiar. Pero también esos mismos antecedentes se presentan en otros que no llegan al crimen. Sigue habiendo un desencadenante que es enigmático. Muchas veces la identidad asesina da un lugar.

-¿Tiene también que ver con una estructura psíquica particular?
-Está repartido en dos campos psicopatológicos: la psicopatía y la psicosis (una explicación en pocas líneas []). Pero alguien que tenga ese diagnóstico no necesariamente termina matando. Más allá de la historia personal hay un efecto subjetivo personal de gran peso. En muchos casos el primer homicidio es azaroso, pero ahí encuentran algo que les permite ser distintos y eso les produce una satisfacción muy grande. En los casos que tienen que ver con la psicosis, funciona como un estabilizador previo al estallido de la locura. Habría que preguntarse cuál es el lugar del crimen para ese sujeto. Siempre hay un momento de quiebre personal y lazo social cuando una persona empieza a matar. Surge la posibilidad de ser un asesino como una forma de darse un lugar, diferente de esa persona gris. El crimen puede funcionar como un estabilizador de la personalidad en el caso de los psicóticos.

-¿Se puede pensar que el fenómeno puede crecer en Latinoamérica y alcanzar los números del mundo anglosajón?
-Alcanzarlo no, pero es un fenómeno en crecimiento a nivel mundial, a la vez que se percibe más. Sin embargo, Estados Unidos tiene un problema cultural muy serio: es un imperio que no reconoce que es un imperio. La violencia, la guerra, el otro como adversario está instalado en la cultura. Hay algunas características para que el fenómeno ahí sea enorme: la agresión como salida, la dificultad de una alternativa de ubicación social.

-¿Los asesinatos en los colegios y universidades de Estados Unidos son considerados seriales?
-No. Ese es un fenómeno que se titula homicidio múltiple. Ahí aparece la masacre estudiantil como una respuesta de alguien a su extrema exclusión. Mata a una serie de personas y termina inmolándose. Pasa a la posteridad, siempre van a hablar de él. Este fenómeno creo que va a crecer, porque vamos a un mundo más conectado pero también más aislado y apático. Los ideales de solidaridad, de aceptar las diferencias se diluyen en el formalismo. El lugar de la autoridad es inexistente. En otra época pasaba eso pero no había armas disponibles. Quedaba en lo discursivo: “lo mataría”. Ahora se junta una crisis vital y el instrumento para completar eso.

Ficción y realidad

En los medios abundan las historias sobre los asesinos seriales y sus crímenes. Generalmente, el valiente detective debe capturar al monstruo que anda suelto, y lo hace a partir de su astucia y los avances de la criminología, que le permiten analizar la escena del crimen. “Un asesinato puede cometerse en minutos pero cuesta mucho resolverlo”, comenta Disanto, y reflexiona: “Es una verdad que se perdió. Después hay que construir una evidencia sólida para llevar a alguien a un juicio. Hay muchas presiones para resolver las cosas”.

-Sobre todo cuando un caso tiene difusión en los medios…
-Los medios son un arma de doble filo: sirven para que un caso no se enfríe pero también aportan datos inexactos.

Datos curiosos

- Italia es el país que más homicidas seriales tiene registrados en Europa.
- En Colombia hay casos paradigmáticos por la cantidad de víctimas: Luís Alfredo Garabito Cubillos mato entre 170 y 220 persona, mientras que Pedro Alonso López fue juzgado por 110 homicidios.
- El caso de Cayetano Santos Godino, conocido como “El petiso orejudo”, fue sorprendente por la precocidad del asesino: tenía 9 años cuando mutilaba animales y 16 años cuando lo apresaron. Cerca del 70% del total de casos del mundo se dieron en Estados Unidos
- El nombre serial surge a fines de los 70, a partir de los estudios del FBI.>

-¿En algún momento estos asesinos dejan rastros para que den con ellos y obtener así un reconocimiento?
-Una cosa es ser reconocido y otra es ser capturado. Puede ser que dejen señales pero dudo que quieran ser capturados. En esta gente la culpa no existe. Son humanos como nosotros, no son monstruos. La única manera de entenderlos es sabiendo que pertenecen al género humano. Siempre hay un intento de entender al otro para predecir ciertas conductas.

-¿Un tratamiento psicológico o psiquiátrico podría funcionar como una cura para los asesinos seriales?
- En general casi nada se cura, la mayoría de las enfermedades se tratan. Hoy por hoy no hay tratamientos. Es un tema pendiente. Pero la historia de la psiquiatría está plagada de cosas que eran intratables y en algún momento empezaron a tratarse. Igual pocos tienen ganas de atender a este tipo de sujetos.

-¿Por qué?
-Porque la manipulación que se produce al trabajar con ellos es muy fuerte: buscan la angustia del otro, mienten, no sienten culpa, son crueles. No son características de gente muy querible. Siempre hay un punto en que parece que se escapan, que no se puede establecer un vínculo verdadero, y esto produce una gran dificultad a los profesionales, que los lleva a decir “estos tipos son intratables”. Hay que traspasar cierta barrera moral e interesarse por sus crímenes.

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[] Por psicosis, se entiende lo que comúnmente se llama “locura”. En psicología se utiliza este término para agrupar los trastornos que incluyen las ideas delirantes, las alucinaciones y lenguaje desorganizado, entre otros. Mientras que por psicópata se hace referencia a las personas con características antisociales que se manifiestan en desprecio y violación hacia los derechos de los demás. Son actitudes psicopáticas mentir repetidamente, agredir, estafar, usar al otro como un objeto, degradarlo, humillarlo. Este tipo de personalidades no sienten culpa por su forma de ser.