Hacen intervenciones públicas con sonido. Convirtieron un puente en un arpa gigante y revivieron con archivos históricos los discursos y hechos más importantes de la Plaza de Mayo, espacio central de protesta en la política argentina. Buenos Aires Sonora es un grupo de músicos e investigadores que -sin hacer música- hace arte con sonido. ¿Nueva disciplina o más de lo mismo?

El mundo cuenta cada vez con más artes. En algún momento fueron siete: pintura, escultura, música, literatura, arquitectura, danza y cine; nunca entendí por qué el teatro quedaba afuera. Sin embargo, con el avance de las épocas, la posmodernidad, el relativismo cultural y otras yerbas, el número de artes formales e informales comenzó a crecer.

Muchos hablan de que todo es arte, lo cual complica cualquier intento de clasificación: si lo que hace el panadero de la esquina es una expresión artística, entonces poco margen queda para analizar el arte. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer.

Así que por un instante intentaremos pensar, aun cuando sepamos que estamos equivocados. Y volveremos la cabeza hacia el arte tradicional; aquel que denomina al cine como “séptimo arte”, aun sabiendo que las artes son muchas más.

Sin embargo, aun aquèllos más conservadores ya están hablando de un “octavo arte”… una nueva forma de expresión que tiene lugar a partir de las nuevas tecnologías: el arte digital.

¿En qué consiste exactamente esto? Se trata -sintéticamente- de una expresión artística que se puede realizar combinando sonidos e imágenes procesadas a través de una computadora. Una muestra internacional que hace unos meses giró por Latinoamérica es Onedotzero, sobre el cual se hablará en próximos números de Opinión Sur Joven.

Ahora, sin embargo, nos focalizaremos en una experiencia más autóctona. Se trata de un emprendimiento artístico llamado Buenos Aires Sonora, que hace intervenciones sonoras en la ciudad, desde distintos lugares.

La primera exposición fue haber transformado un puente colgante en un arpa tamaño extra large. Fue en el Puente de la Mujer, en el barrio de Puerto Madero. Un grupo de músicos “tocaban” los tensores con unas varillas gigantes y unos micrófonos especiales iban amplificando el sonido. Esto se hizo en 2004.

Luego se embarcaron en otro impresionante experimento: la idea fue recuperar un tradicional espacio de la política argentina, como es la Plaza de Mayo, reproduciendo en base a sonidos -es decir, archivo de discursos y cánticos grabados durante actos y manifestaciones – todo lo que sucedió allí entre 1945 y 2001.

Ahora planean hacer una intervención en el obelisco. “Es un lugar con mucho ruido -explica Martín Liut, uno de los integrantes de Buenos Aires Sonora-. Por eso queremos competir contra ese lugar, haciendo presentes los sonidos que en general por el estado alienante en que vivimos no podemos hacerlos evidentes”.

— ¿Cómo llegaste a esto? – Preguntó Opinión Sur Joven a Martín Liut.
— Yo soy músico e investigador universitario en la Universidad de Quilmes y de La Plata. Además de hacer música en forma tradicional me dedico a trabajar con el sonido en forma más amplia… hago lo que denominamos “arte sonoro” que implica manejar el sonido en el tiempo y en todas sus facetas. Con el grupo Buenos Aires Sonora, hacemos intervenciones en espacios públicos en donde el sonido es la materia prima.
— ¿Qué hacen exactamente?
— En algún caso lo que hacemos es transformar algún objeto en instrumentos. Por ejemplo tomamos el Puente de la Mujer, en Puerto Madero y lo transformamos en un arpa gigantesca de 120 metros de largo. Y en otros usamos el lugar como forma de recuperar el uso de la memoria. Tomamos la Plaza de Mayo como principal espacio de la política argentina, y lo hicimos a través de los sonidos que se vivieron allí. A esto le llamamos paisaje sonoro.
— ¿Cómo es el trabajo?
— Somos un grupo de 10 personas con especialidades distintas pero que trabajamos en equipo desde el inicio del proyecto. Esto rompe con la idea del músico que compone en su casa, porque, por ejemplo, hacer sonar un puente implica tomar decisiones como dónde poner el micrófono, qué tipo de equipamiento usar, qué computadoras, cómo armar el tema, conseguir músicos para que toquen la partitura… son muchas cosas.
— ¿Viven de esto?
— La Universidad de Quilmes incentiva mucho la investigación, y la creación de conocimiento, a través de la producción. El sistema universitario lo permite. Parte del equipo trabaja en la universidad haciendo esto, y además cada uno hace sus cosas.

Haciendo historia

Pero el pico de éxito de este grupo se generó de otro modo: se dio cuando Buenos Aires Sonora llenó la Plaza de Mayo. Para quienes no la conocen, desde esta plaza se generaron la mayoría de los hechos importantes de la historia argentina. El Cabildo hacia un lado, la Casa Rosada (casa de gobierno) hacia el otro. También están el Banco Nación, el Ministerio de Economía, la Catedral , entre otros edificios importantes. Allí se vivió la Revolución de Mayo en 1810, el surgimiento del peronismo como movimiento, un bombardeo para derrocar al peronismo, las protestas de las Madres de Plaza de Mayo -que giraban alrededor del monolito central del parque en reclamo por sus hijos desaparecidos- y los cacerolazos de diciembre de 2001. Todo en un mismo espacio. Buenos Aires Sonora tuvo una idea. Armó un círculo surround con parlantes alrededor de ese monolito -la Pirámide de Mayo- y generó un espectáculo que permite a los espectadores escuchar desde aquel lugar histórico discursos y situaciones allí vividas.

— ¿Cómo se generó esta propuesta?
— Llevó dos años y medio desde que la pensamos. En la matriz hay dos ideas: una sensorial y otra política. Lo primero tiene que ver con cómo suena la Plaza de Mayo como teatro, porque está muy rodeada de edificios; basta pasar un día por ahí y ver cómo suena cuando está vacía. La segunda parte tenía que ver con reconstruir las plazas que hubo a lo largo de la historia, y devolvérsela a la gente a través del sonido. Lo hicimos sin inventar nada, trabajando con archivo documental. Entonces, como no sabemos de qué manera sonó el 25 de mayo de 1810, empezamos desde 1945, donde hay registros que pertenecen a la memoria colectiva. Y luego fue el recorte de auto restringirse a una sola hora; sabemos que podemos estar todo el día, pero elegimos los momentos más shockeantes.
— Me pasó cuando vi la obra que en cada lugar encontraba algo distinto. No había forma de ver un solo relato sino que había varios. ¿Cómo se tomó esa decisión?
— El problema era cómo transmitir sin imágenes. Uno de los integrantes del grupo decidió armar un círculo a través de la plaza, porque de esa forma teníamos el círculo ideal de audición. Entonces así se producía algo que, además de estar escuchando al que hablaba estabas dentro de la propia movilización. Y eso nos permitía tener múltiples formas de sentido. Esto tiene que ver con lo que pasa en realidad en las marchas que es la imposibilidad de aprehenderlo todo. Por ejemplo cuando hay corridas uno no termina de entender qué pasa. Entonces queremos que el que viene pueda ir eligiendo qué quiere escuchar. No hay forma de verlo todo, ni lugar ideal de audición. Muchas veces incluso hicimos a propósito que no se escuche, sólo para que se pueda captar el estado de ánimo. Es un tipo de escucha más musical.

— ¿Qué repercusiones tuvieron?
— Cuanto más conocimiento tenga uno de la historia más impresionante es el proyecto. Mucha gente nos pidió que hagamos un DVD, pero yo me resistía a eso. No creo que se te erice la piel con un DVD en tu casa. Lo vamos a grabar como documento, pero esta obra es para ver en la Plaza de Mayo.

¿Ser o no ser?

Siete, ocho, nueve, diez… ¿Cuántas artes hay en el mundo? ¿Puede ser considerado arte esta mezcla de sonidos casi amorfa? “Lo del puente es más fácil, porque se hace música -contesta Martín-. En cambio lo de Plaza de Mayo es mezcla de collage con intervención sonora y periodismo. Es el lugar donde la disciplina artística se junta con antropología”.

— ¿Lo ves devaluado al arte tradicional?
— No devaluado. Pero el tema es que hay un grado de abstracción altísimo muy refinado pero que requiere un trabajo de conocimiento muy importante para el público también. El arte abstracto tiene el problema de la especialización que hace que el público masivo se quede afuera. ¿Arte? ¿No arte? ¿Qué importa? “Lo bueno es tratar de llevar el arte a la calle o al espacio público”, concluye.

+Info

Buenos Aires Sonora: Aquí el blog del grupo que hace arte con sonido.

Onedotzero: Festival de arte y cine digital. Muy interesante.

Las imágenes de los primeros momentos de sonido en el puente. No sirve para captar la música pero sí para entender la idea.