A 10 meses de la asunción de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos, ¿cambió la mirada de ese país sobre América Latina? ¿Las promesas de cambio, de una América más unida, son reales o sólo palabras? ¿Diez meses es suficiente tiempo como para hacer una evaluación de su gestión hacia la región?

El 10 de febrero de 2007, un senador afroamericano del Estado de Illinois llamado Barack Obama lanzaba, inesperadamente para muchos, su candidatura para la presidencia de los Estados Unidos. Este entonces senador de 48 años llegó con un discurso joven, estimulante, austero y enérgico, alejándose del discurso conservador y severo que proponía el partido Republicano, y más precisamente George Bush.

Durante su campaña política Obama reforzó su proyecto lanzando una consigna de unidad para las Américas: “No hay una América blanca, otra afroamericana y otra hispana, hay una sola América”, señalaba el candidato presidencial.

A lo largo de la historia, desde Latinoamérica siempre se ha cumplido con los pedidos – exigencias que se proponen desde los Estados Unidos, tratando de conformar a la superpotencia. Sin embargo, ellos no siempre han sido del todo flexibles. Durante años hemos visto invadidas nuestras fronteras, fuimos sancionados económicamente, y padecimos la usurpación de nuestros recursos naturales (frutas, caucho, metales, gas y petróleo) a través de políticas comerciales. Hemos notado como derrocaban presidentes e imponían dictadores en nuestras jóvenes democracias una y otra vez. Con Obama esto parecería terminar, o por lo menos mermar en su intensidad. Él propone una renovación.

Obama reconoce la necesidad de un cambio dramático en la política exterior de los EEUU hacia América Latina, “Es hora de una nueva alianza de las Américas. Mi política estará guiada por el principio sencillo de lo que es bueno para los pueblos de las Américas, es bueno para los Estados Unidos”, sostuvo.

Promesas de campaña

Durante toda su campaña, Obama expresó su intención de modificar la política exterior que venía manteniendo Estados Unidos con respecto a América Latina. En sus discursos hablaba de la necesidad de buscar un mayor acercamiento y decía que la estabilidad y prosperidad en la región sería una de sus principales prioridades.

En el terreno de la diplomacia decía que era fundamental reconstruir los lazos que fueron quebrantados durante la presidencia de George W. Bush. No sólo en las altas esferas políticas se enfriaron las relaciones, sino que incluso por acciones como la guerra contra el terrorismo y contra Irak, creó un sentimiento anti-estadounidense en la población del subcontinente.

En lo económico Obama quiere reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que tiene con Canadá y México para proteger el empleo en Estados Unidos. Además piensa seguir manteniendo como principal proveedor de petróleo a Venezuela y ha apoyado un arancel a la importación estadounidense de etanol desde Brasil, el mayor productor de este combustible elaborado a base de aceites vegetales.

El embargo hacia Cuba sigue siendo delicado para los americanos, pero Obama prometió a los cubanos – estadounidenses eliminar la restricción para visitar su país y enviar dinero a sus familias.

Con respecto a Colombia, sigue apoyando los programas financiados para luchar contra el narcoterrorismo y los guerrilleros. Obama respalda la ayuda para combatir el tráfico de drogas y los crímenes violentos en México y América Central, y por eso sostiene el reforzamiento policial en la frontera mexicana.

Si bien el presidente estadounidense estuvo de acuerdo con la construcción del muro entre la frontera de México y EEUU para mantener fuera a los inmigrantes ilegales, cree necesaria una reforma migratoria que podría ayudar a los trabajadores extranjeros indocumentados.

Además apoya la condonación de la deuda de los países pobres como Bolivia, Guyana, Haití, Honduras y Paraguay.

Del dicho al hecho…

Lo cierto es que, desde que asumió, Obama estuvo resolviendo problemas domésticos que surgieron durante su gestión o fueron heredados de la presidencia anterior.

Durante sus primeros 100 días hizo progresos significativos para reformar los duros métodos que mantenía el gobierno de Bush en materia antiterrorista. La prisión más controvertida en el mundo -la base naval Guantánamo- será cerrada (aunque no se sabe cuánto más demorará) y la tortura en interrogatorios a sospechosos de terrorismo fue declarada ilegal, al igual que las prisiones secretas de la CIA.

En el plano interno Obama logró una importante victoria política, tal vez la más significativa de su gestión: la Cámara de Representantes respaldó su proyecto para ampliar la cobertura de salud a millones de personas que carecen de seguro médico. Tras horas de discusión, lograron pasar el proyecto por un margen muy ajustado: 220 votos a favor contra 215. “Ha sido una votación histórica”, sostuvo Obama. Claro que todavía falta que el Senado norteamericano convierta este proyecto en una ley federal.

En lo económico logró que le aprobaran un plan de estímulo financiero por U$S 787.000 millones, en el que se mezclan proyectos de inversión con recortes de impuestos. También consiguió que le aprobaran el presupuesto 2010 por U$S 3.55 millones de millones, en el que se incluyen reformas al sistema de salud y reducción de consumo de energía; la creación de un fondo público-privado para absorber las hipotecas y préstamos irrecuperables y un fondo de U$S 75.000 millones para ayudar a personas a refinanciar sus deudas y evitar los embargos por morosidad.

En la relación Estados Unidos – Medio Oriente hizo cambios radicales en la política que venía manteniendo la administración de Bush en la región. Estableció un cronograma de reducción de la presencia militar en Irak para ponerle fin a las operaciones militares estadounidenses para agosto de 2010 y retiro total (tentativo) para finales de 2011.

También reforzó la cantidad de personal civil trabajando en Afganistán e Irak para ayudar en la construcción de instituciones de gobierno y envió ayuda financiera por US$ 1.000 millones a Pakistán para fortalecer su frontera con Afganistán y aislar a los grupos Talibanes que operan en su territorio.

Se dejó de usar el cuestionado término “guerra contra el terrorismo” en el discurso oficial y se reiniciaron los contactos con israelíes y palestinos para buscar una solución al conflicto regional, que lleva años sin poder resolverse.

En los temas de Energía y Medio Ambiente presentó al Congreso un proyecto para reducir las emisiones de gas carbónico en 2020 en un 14% con relación a los niveles de 2005 y lanzó un plan para duplicar el suministro de energía proveniente de fuentes alternativas, como biocombustibles, energía solar o eólica. También creó un programa para hacer que en el 2012 el 10% de la energía eléctrica se genere usando fuentes renovables. Puso presión sobre las automotrices para que fabriquen automóviles de consumo más eficientes y renovó la flota de vehículos oficiales mediante la compra de autos híbridos (gasolina-eléctricos) y “eficientes” en términos de consumo. Este tema es de suma importancia para Estados Unidos, especialmente para su deseo de seguir siendo la superpotencia mundial que es, ya que su economía depende desmesuradamente de los hidrocarburos.

Por último, designó a un enviado especial para negociar los nuevos acuerdos sobre cambio climático en la conferencia de Naciones Unidas de diciembre, que sustituirán al Protocolo de Kyoto que nunca fue ratificado por EEUU.

Estados Unidos y el golpe

Sin duda la primera gran prueba que tuvo Obama durante su mandato con respecto a América Latina fue el golpe de Estado militar ocurrido el 28 de junio de 2009 en Honduras.

Tanto el presidente de los Estados Unidos como la Organización de Estados Americanos (OEA) junto a la comunidad internacional han rechazado de manera unánime el golpe y exigieron el retorno a sus funciones del presidente destituido. Obama asegura que el golpe “no es legal” y que si no se revierte la situación sentará “un terrible precedente”.

El empujón final lo protagonizó, una vez más, Estados Unidos al enviar a su subsecretario de Estado a América Latina, Thomas Shannon. “La delegación norteamericana ayudó muchísimo a desbloquear la situación”, dijo el secretario de la OEA, José Miguel Insulza.

La era Obama recién empieza, es por eso que hay que tener tolerancia. América Latina nunca estuvo en los primeros puestos en la agenda de las prioridades de los Estados Unidos. Va a llevarle un tiempo al presidente Barack Obama poder resolver los temas prioritarios para después ocuparse de los verdaderamente importantes; eso va a demandar paciencia por nuestra parte. Algo a lo que lamentablemente estamos muy acostumbrados. Es evidente que Obama por lo menos tiene las intenciones de acercarse y de comenzar una relación.

Como dijo al principio de su discurso en la V Cumbre de las Américas, “Yo no viene aquí a discutir del pasado, yo vine a pensar en el futuro”. Obama comentó que “busca una alianza entre iguales” con el resto de Latinoamérica y el Caribe, y reconoció que “si bien EE UU ha hecho mucho en favor de la paz y la prosperidad en el continente, a veces también nos hemos desentendido o hemos tratado de dictar nuestras condiciones”.

También, para que América latina pueda ser socio igualitario con los Estados Unidos, es necesario que fortalezca sus instituciones democráticas, resuelva sus problemas de corrupción y que empiece a pensar como un bloque regional, tanto económico como político y cultural. América Latina es una tierra de grandes esperanzas que unida puede hacer una gran diferencia.

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