Opinion Sur Joven

Nº74

Las enfermedades del cambio climático

Plagas del siglo XXI

noviembre de 2008, por Daniel Galvalizi

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Chagas, dengue, fiebre amarilla, malaria, leishmaniasis y schistosomiasis. Gripe aviar, babesiosis, cólera, ébola, parásitos intestinales, enfermedad de Lyme, peste bubónica, marea roja, fiebre de Rift Valley, enfermedad del sueño, tuberculosis y fiebre amarilla. Muchas de éstas eran enfermedades en vías de extinción. Sin embargo, el calentamiento global está generando que vuelvan a aparecer. Para el 2030 habrá 300.000 muertes por año por culpa de estos cambios ambientales. El Premio Nóbel Osvaldo Canziani nos ayuda a entender el fenómeno.

Según el libro del Éxodo, cuando los hebreos eran esclavos en Egipto, Dios encomendó a Moisés la misión de liberarlos. Pero como el faraón se negaba tajantemente a dejarlos partir, Dios envió diez plagas sobre ese país: invasiones de ranas, tábanos y langostas, úlceras masivas y tinieblas, entre otras calamidades, terminaron doblegando al faraón, quien finalmente liberó a los hebreos.

Las “plagas” del siglo XXI, en versión agnóstica, son consecuencia del cambio climático y no un profeta religioso. La gripe aviar, el cólera, el ébola, la peste bubónica, malaria, dengue, chagas, son nombres que hoy meten miedo porque, aunque no sepamos bien qué son, se trata de enfermedades que están al acecho. Algunas son más comunes por nuestras latitudes: otras se dan mayoritariamente en África, Asia, o las zonas tropicales. Pero la lejanía empieza a no ser tal. El aumento global de la temperatura y de las precipitaciones está provocando que muchas enfermedades se propaguen a regiones donde hasta hace un tiempo su presencia era inimaginable.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las muertes anuales provocadas por el cambio climático superan las 160.000 personas, y que el número seguirá su tendencia ascendente hasta alcanzar en 2030 las 300.000. Algunos especialistas consideran este cálculo muy inferior a la realidad, ya que el informe de la OMS sólo mide el impacto de enfermedades diarreicas, la malaria y la desnutrición, sin tener en cuenta otros factores.

La docena mortal

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, según sus siglas en inglés) dio a conocer el mes pasado un informe sobre 12 enfermedades mortales que aumentarán su incidencia en nuestra vida debido al cambio climático. Así, el fenómeno comenzará a tener un impacto directo tanto en nuestra salud como en la naturaleza y la economía, según advirtió la organización.

El documento –que se dio a conocer durante el congreso mundial de la IUCN, que congregó a 1.700 investigadores- integró la nómina con: gripe aviar, babesiosis, cólera, ébola, parásitos intestinales, enfermedad de Lyme, peste bubónica, marea roja, fiebre de Rift Valley, enfermedad del sueño, tuberculosis y fiebre amarilla. La IUCN recomendó enfrentar estos flagelos con "una buena estrategia ofensiva de monitoreo para detectar hacia dónde se propagan estos patógenos y prepararnos para mitigar su impacto".

Para los que vivimos en la latitud sur, la lista parece un poco escueta. Para averiguar eso y otros interrogantes, Opinión Sur Joven entrevistó a Osvaldo Canziani, doctor en Física especializado en meteorología, y Premio Nobel de la Paz 2007.

Canziani forma parte de los 2000 científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC, según sus siglas en inglés), que ganaron el premio junto al ex vicepresidente de Estados Unidos y activista medioambiental Al Gore, contra el cambio climático. Fue copresidente del IPCC entre 2001 y 2007, y a pesar de haber dejado el cargo (fue a parar a otro argentino, Vicente Barros) sigue vinculado al organismo y participa de la confección y revisión de informes. Fue uno de los primeros latinoamericanos en sumarse: “Al principio éramos tres, y hoy somos más de 120”.

Canziani dice que la lista de la “docena mortal” está incompleta. “Falta el chagas, la leishmaniasis, etc… Es el problema de la divulgación a ultranza de informes que vienen de otro lado. No se ocupan de nuestros problemas, sino de los de ellos (la IUCN tiene sede en Suiza)”.

En Sudamérica, el chagas, el dengue, la fiebre amarilla, la malaria, la Leishmaniasis y la schistosomiasis definitivamente deberían ser parte de un listado que prevenga de las “plagas” que el cambio climático se está encargando de expandir.

“El calor y la humedad crecientes en el mundo hacen que los vectores (mosquitos) se muevan más fácilmente. Hoy hay malaria a 3.200 metros de altura en La Paz (Bolivia), hay malaria en Siberia, por ejemplo”, explica.

Aunque el cambio climático se asocia al aumento del nivel del mar y el derretimiento de los glaciares, es igual de importante el aumento en las temperaturas del planeta y la fluctuación del nivel de lluvias, porque afectan la distribución de peligrosos patógenos que causan enfermedades.

Además, cuenta el científico de ¡87 años!, en la actualidad los mosquitos se han hecho resistentes a la lucha que se hace contra ellos. Se adaptaron, por lo que “en este contexto hay que tener cuidado porque el problema no es atacar ya la enfermedad, sino atacar antes de que se reproduzca”.

Por ejemplo, según informes de la OMS, el Chagas registra 16 millones de personas afectadas o que adquirieron la enfermedad el último año en Latinoamérica; en el caso de la malaria los números trepan a 120 millones en las regiones tropicales y subtropicales del planeta. Otro ejemplo de la propagación, es el mapa que muestra la extensión del Aedes aegypti, el mosquito vector del dengue: en 1970 su “zona de influencia” iba desde el sur norteamericano (Florida, Alabama, Louissiana y Texas), el Caribe, Venezuela y las Guayanas. En 2003, el área se extendió a México, Centroamérica, Ecuador, Perú, Colombia, Paraguay, el Este de Bolivia, Brasil y Argentina.

El agua juega un papel fundamental en la transmisión de estas enfermedades. “Si bien el cambio climático puede producir problemas críticos, lo que más está matando es la falta de equidad: recursos como el agua no se redistribuyen”, dice Canziani. Hoy en día, de cada dos camas ocupadas en el mundo por un enfermo, una está ocupada por alguien cuyo problema de salud tiene origen en el agua.

No sólo mosquitos

Está bien, el aumento de calor y lluvias “tropicaliza” nuestros climas y hace crecer la cantidad de vectores de enfermedades. Sin embargo, ése es el inicio del problema, no el final. “Al exacerbarse los procesos climáticos extremos o severos, se están generando más problemas de salud, porque están llevando a la gente a vivir en condiciones de estrés”, comenta el Nobel.

La OMS define a la salud como un estado de bienestar general, que incluye aspectos físicos y psíquicos, con importante injerencia del medio ambiente. Los huracanes, las inundaciones, las tormentas de polvo y viento, incendios forestales y sequías contribuyen a perjudicar ese “bienestar general”, además de destruir la biodiversidad. Las inundaciones y sequías, además, acarrean la desnutrición o malnutrición de millones de personas, junto con desplazamientos de población. En los próximos años, según Canziani, habrá un aumento anual de entre 10 y 30 millones de personas que quedarían sin suelo por inundaciones en la zona del Pacífico, en África y en Sudamérica. La salud también se ve afectada por la contaminación directa del hombre: por la combustión de hidrocarburos, se degrada químicamente la atmósfera y se acumula una cantidad excesiva de ozono que es altamente oxidante, afecta la tráquea respiratoria y genera problemas de cataratas. Por eso, la paradoja de los consumidores que compran purificadores de aire, que generan exceso de ozono. Todo en su justa medida.

Ni hablar de la actividad agropecuaria. “Los agroquímicos están generando situaciones críticas con la contaminación de las napas subterráneas y el aire”, denuncia Canziani.

Ante esta situación, las soluciones obvias serían evitar los gases que incrementan la temperatura y favorecen la propagación de enfermedades, y dejar de usar productos como los agroquímicos. Pero eso es algo estructural, por lo que venimos bregando hace tiempo desde esta sección.

Sin embargo, una forma de ayudar a resolver el problema también es investigar. En Argentina y América Latina carecemos de estadísticas fidedignas. “La primera acción necesaria sería que se mida todo esto. Lo que no se mide no se sabe. Jamás hubo un estudio serio en América Latina… estamos pelados. Tenemos una idea pálida de lo que ocurre”, enfatiza el científico.

Si no sabemos cuánto nos afecta el problema, menos vamos a entender cómo resolverlo. La salud es una arista más del fenómeno del cambio climático. En momentos de crisis económica internacional, más vale recordar su relevancia, para contrarrestar así los pedidos de dejar en un peligroso stand by (como algunos interesados se animan a reclamar) la lucha por la supervivencia de nuestro planeta y de nosotros mismos.

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