Terminaste o estás terminando la escuela media. Ahora empieza el trabajo más difícil: decidir qué hacer con tu vida. Trabajar, estudiar, universidad, terciario, rascarte a dos manos, son algunas opciones. En caso de que decidas estudiar, ¿Qué conviene seguir? Claves para elegir una carrera y no morir en el intento. ¿Sirven los test vocacionales? ¿Universidad pública o privada? Además ¿Qué pasa si me equivoco? Los posgrados como una opción a mitad de camino.

¿Cómo se forman las ideas? En el espíritu de los que estudian sucede como en las inundaciones de los ríos, que las aguas al pasar depositan poco a poco las partículas sólidas que traen en disolución y fertilizan el terreno. Domingo Faustino Sarmiento, ex presidente argentino

Diploma en mano. La palmada en la espalada de los padres, que dice “me terminaste el secundario”. Y el abismo. Parecía que su vida entera iba a estar dedicada al estudio, pero ahora se tomó un receso indefinido. Se barajan varias opciones: ir a la universidad (¿privada o pública?), trabajar o las dos cosas; o por qué no un viaje sabático a Machu Pichu de un año, para averiguar qué hay realmente en nuestro ser, y recién ahí retornar a lo que una pareja de padres occidentales añora de su hijo/a: verlo con el diploma universitario.

Ninguna elección es fácil y menos con la multiplicación de la oferta de carreras que hay en actualidad. Este artículo te tratará de contar algunos aspectos ocultos de la elección de tu carrera.

Que alguien me ayude

“No tengo la bola de cristal”, admite Claudia Yasan, licenciada en Ciencias de la Educación y Psicología, quien trabaja en el Departamento de Orientación Vocacional del CBC (DOV). A este centro puede asistir cualquier persona, esté o no estudiando en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Yasan cuenta que el servicio está para encarrilar las dudas sobre la elección del proyecto de vida de quienes consultan; proyecto que no siempre incluye seguir una carrera universitaria.

“Sólo el deseo de estudiar sostiene a la facultad como producto de una elección”, argumenta la orientadora, en pos de sumarle un punto más al joven que opte por algo distinto.

Otro problema con que vienen muchos jóvenes es que creen que sólo existen las carreras tradicionales. Pero las opciones son miles. Testigo de esto fue Yamila Bacman – estudiante de diseño gráfico en la UBA- quien asistió a los encuentros de orientación vocacional en la Universidad del Museo Social Argentino. “Me enteré de carreras que nunca había escuchado en mi vida”, cuenta. Si querés saber más sobre la eficacia o no de los test podés hacer click acá

“Hoy en día la información se termina perdiendo, justamente por el bombardeo que existe”, explica Yasan, quien propone que como parte de la búsqueda se visite el ámbito laboral de los profesionales de esa carrera que está en la mira. “Hay que espiar un poco la rutina laboral de la carrera”, opina.

Según la orientadora hay “dos aristas”, que se deben tomar en cuenta para elegir: la interior y la exterior. La primera implica “buscar en su historia personal, qué le gusta y qué estaría dispuesto hacer durante mucho tiempo. Y además debe tener en cuenta que a través de ella realizará un aporte a la sociedad, es decir que su trabajo se relaciona con el otro y no es para sí mismo”.

La segunda -la arista exterior- tiene que ver con los ajustes entre lo que uno quiere hacer y la oferta de carreras existentes. “No hay carreras que se amolden a uno. Estas ya existen y hay que ver cuál encaja con la ocupación laboral a la que aspiramos”.

De facultades y opciones

Más de la mitad de los graduados universitarios se concentran en tres carreras: medicina, abogacía y contaduría, según estadísticas del INDEC de 2005. De 860.000 graduados, 200.000 son médicos, cerca de 150.000 son abogados y más de 100.000 se reciben de contadores.

Todas estas carreras (llamadas tradicionales) pertenecen al área servicios y ninguna tiene que ver con aspectos productivos, fundamentales para el desarrollo del país. Sólo 74.000 son ingenieros, es decir, menos del 9%.

Estas cifras no son casualidad, si se toma en cuenta el proceso estructural de desindustrialización que se dio en los ’90: el cierre de las escuelas técnicas, la desaparición de industrias y el número de ingenieros manejando taxis, generaron un desequilibrio en la matrícula universitaria.

Por eso los jóvenes eligen los servicios, pese a que hoy los ingenieros tienen una paga más importante, por la falta de profesionales que satisfagan la creciente demanda.

-¿Los jóvenes no se dan cuenta de esto?– preguntó Opinión Sur Joven a Yasan.
-Lentamente se van avivando. Este año se incrementó el número de inscriptos a estas carreras. Muchos se dan cuenta de que se llevan bien con las materias, ven que tiene buena salida laboral y paga, y todo esto incide en que el número de estudiantes crezca.

Tal vez por esta escasez de profesionales en estas áreas el Ministerio de Educación argentino está implementando programas de fomento a este tipo de actividades.

¿Pública o privada?

Una vez elegida la carrera aparece esa otra pregunta. En el caso de Argentina, la pública es gratuita y garantía de excelencia. Pero en la privada casi no hay paros, los trámites se realizan con mayor agilidad, no hay problemas edilicios y la cursada es más organizada. Pero no es accesible para todos: Según un relevamiento de la Secretaría de Defensa de la Competencia y el Consumidor de la Nación publicada en el 2003 por el diario Clarín, la cuota promedio era de $298 (entre $146 y $1.176).

La estructura arancelaria es diferente en cada universidad y es justamente este el “truco” al que se el debe prestar atención a la hora de determinar en cuál estudiar. Algunas cobran 10 cuotas por año, otras 11 ó 12; en algunos casos se paga la matrícula, sólo al ingresar, en otras, hay dos por año. Algunas instituciones cobran derecho de examen por materia y otras sólo cuando se rinde por segunda vez.

La pública es gratuita, pero en el caso de la UBA tiene un año más por el curso de ingreso CBC. Existe un debate -al que podés acceder haciendo click acá sobre su conveniencia o no.

Las ventajas y desventajas están presentes en todas las opciones. Lo que es importante es evaluarlas, y no inscribirse por mero despiste.

El estudio sin fin

Con una carrera universitaria ya no es suficiente. La UBA tiene en su menú 278 estudios de posgrado y ya son más de 11 mil alumnos los que están en esta moda. Hay 51 universidades privadas argentinas que ofrecen 760 carreras presenciales de posgrado. Este abanico de estudios se acomoda a la creencia generalizada –y en muchos casos veraz- de que con un posgrado se consigue un mejor empleo.

En una nota para la revista 3 Puntos, la socióloga e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), María Alicia Gutiérrez corrobora esta idea: “Frente a un mercado de trabajo tan distorsionado, que cada vez pide más calificación académica para un mismo cargo; los postrados se convirtieron en una necesidad más que en una elección”.

La página web Bumeran, en la cual se puede buscar empleo, realizó una encuesta entre 5100 ejecutivos y 120 gerentes de recursos humanos, que demuestra la creencia que manifiesta Gutiérrez anteriormente: El 72% piensa que tener un Master in Business Administration (MBA) o posgrado sería de gran utilidad y una excelente carta de presentación a la hora de ocupar un puesto gerencial en una empresa:El 42% habló de la creación de contactos y el 12% de actualización profesional.

Aunque del dicho a los hechos, hay una gran distancia: la mayoría de las compañías no están encabezadas por directivos que hayan realizado algún estudio posterior a su carrera universitaria.

Otra ventaja de los posgrados es que muchos estudiantes se desencantan de la carrera elegida a mitad de camino, cuando ya no tendría sentido empezar otra desde cero. Los posgrados, son una suerte de salvavidas a mitad de camino, porque se pueden basar en una temática nueva (relacionada con el estudio de grado), y su duración es ínfima al lado de una carrera universitaria. Claro que su costo suele ser muy alto y muchos exigen dedicación exclusiva: dejar de trabajar mientras se cursa. Las universidades públicas, sin embargo, ofrecen alternativas más accesibles, que pueden ir desde los 240 pesos por mes.

Detrás de tantas cifras y mediciones de tiempo Gutierrez es puntual en su visión de la realidad del graduado que busca empleo: “hoy tenés que pagar para trabajar y convertirte en empresario de vos mismo. Para eso, hay que capacitarse”

Ilustración: Bárbara Dana

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