Daniel Wizenberg

 

Luego de que se pusiera en duda su validez en 2003 -por obra y gracia de la intervención norteamericana en Irak- la ONU intenta volver al ruedo y retomar el poder perdido. ¿Cuáles son las críticas que se hacen al organismo? ¿Qué reformas se proponen? Virtudes y miserias de una institución en crisis que busca recuperarse.

I hear babies crying, I watch them grow,
they’ll learn much more than I’ll never know,
and I think to myself what a wonderful world,
yes I think to myself what a wonderful world.
Louis Amstrong

El tiempo pasa y si tenemos suerte, vamos evolucionando. Se aprende de los aciertos y errores, buscando no tropezar dos veces con la misma piedra. Ciertamente, la historia está plagada de errores repetidos y lecciones no aprendidas. Sin embargo, hubo momentos en que algunas mentes se iluminaron y entendieron que así como estaban las cosas al mundo le quedaba poco tiempo.

Perspectiva romántica o no, hasta el menos idealista acepta que en 1945 hubo un aprendizaje. Los líderes mundiales que ganaron la Segunda Guerra notaron que si no instituían algunas reglas, se terminarían aniquilando entre ellos, sin poder ya echarle la culpa a Hitler o Napoleón.

El funcionamiento administrativo básico de la Organización para las Naciones Unidas (ONU) ya se explicó en otra nota de Opinión Sur Joven, a la que podés acceder clickeando acá. Ahora vamos a tratar de ver desde una perspectiva política la actualidad de este organismo al que, a pesar de haber soplado 60 velitas, todavía le queda mucho por aprender.

Un tropezón no es caída

Probablemente, una de las grandes crisis de legitimidad de la ONU se haya dado en 2003, cuando fue avasallada como institución por el gobierno de George W. Bush, al ignorarla e invadir Irak sin remordimiento por lo que eso significaría ante los ojos del planeta.

El poder simbólico de aquella acción fue fortísimo, y quizás irreparable: el organismo que había sido creado para mantener la paz y la concordia entre las naciones resultaba inútil frente a los deseos de declarar una guerra que se creía (y se demostró después) injustificada.

Esa coyuntura desnudaba una realidad que los más idealistas/institucionalistas [] intentan atemperar: el foro de Naciones Unidas, donde los estados pequeños son tratados en igualdad de condiciones que las potencias mundiales, se mostraba inservible.

Lo que se desnudó ante todos fue que el propio mecanismo del Consejo de Seguridad de la ONU era funcional a la superpotencia de turno. Y la clave es el poder de veto de sólo cinco de los países miembros (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia). Ni Estados Unidos quería soportar un veto de Rusia o Francia sobre la propuesta de acciones militares contra Irak, ni la diplomacia rusa o francesa se arriesgarían a intentar frenarlo, porque hubiera seguido el automático veto de Estados Unidos.

Era una situación de suma cero, en que las dos partes en pugna -considerando muchos factores geopolíticos lejanos al humanitarismo- se vetarían mutuamente. Por eso, ninguno de los bandos actuó dentro del marco de las Naciones Unidas, y la imagen de este organismo quedó desprestigiada y deslegitimada. La invasión a Irak se llevó a cabo, y las miserias de la política internacional quedaron al desnudo.

Sin embargo, hoy aparece una visión optimista, que puede ver un fortalecimiento del organismo. Pero antes, terminemos de entender una pieza clave del mismo.

Un Consejo muy particular

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CS) es, junto con la Asamblea General, el órgano clave de la comunidad internacional. En rasgos generales, la Asamblea trata temas políticos y sociales, y el Consejo, los que tienen que ver con la seguridad.

El CS funciona desde la posguerra, en 1946 y en consecuencia, su composición refleja los intereses de las potencias vencedoras, que idearon un foro para mantener la paz e impusieron un cierto status quo.

La Carta de la ONU indica que las funciones y poderes más importantes del CS son: mantener la paz y la seguridad internacionales en coherencia con los principios de las Naciones Unidas, investigar toda controversia que pueda crear fricción a nivel internacional, recomendando métodos para solucionarlos, y resolver sanciones (económicas, diplomáticas o militares) ante situaciones consideradas de amenaza para la paz o actos de agresión. []

El CS consta de 15 miembros, cinco de los cuales son permanentes -EEUU, Rusia, China, Francia y el Reino Unido- y poseen derecho a veto: esto significa que si un proyecto de resolución tiene el apoyo de 14 miembros, pero uno de aquellos cinco lo veta, el proyecto no se aprueba. El resto de los asientos son ocupados por diez países rotativos, designados por regiones (América Latina y Caribe, África, Asia y Europa Oriental).

Las primeras críticas al modelo del CS aparecieron en 1979, pero desde mediados de los ’90 hay una tendencia de revisar su funcionamiento, para democratizarlo y eficientizarlo. Para eso, la Asamblea creó un Grupo de Trabajo que analiza posibles cambios.

La piedra angular de las críticas al CS son su composición y el derecho a veto. La mayoría de los países del denominado Tercer Mundo insisten en la necesidad de aumentar el número de asientos no permanentes (entre 20 y 30) y las aspiraciones más osadas desean abolir el derecho a veto de las potencias u horizontalizarlo, permitiendo que todos lo tengan.

Los países desarrollados o en posiciones intermedias, como Alemania, Japón, Brasil y la India, defienden otro tipo de reforma: por considerarse líderes regionales, y para que exista una correlación entre su influencia diplomática y su peso en la economía mundial, aspiran a obtener asientos permanentes propios (con o sin derecho a veto).

La base de los reclamos es intentar resquebrajar el monopolio de las decisiones mundiales que, a pesar de haberse morigerado, siguen ostentando las cinco potencias con derecho a veto, y especialmente, los Estados Unidos. En ese camino, hay varias posturas encontradas e intereses geopolíticos en juego.

En 2002 un informe interno de la ONU verificó el estancamiento del proceso de reforma del CS; a pesar de que el Grupo de Trabajo analizó el tema por casi diez años los estados miembros todavía no consiguen llegar a acuerdos sobre el tipo y la calidad de la representación de ese órgano. Frente a la inestabilidad mundial que se vive desde el 2001, la reforma parece no estar entre las prioridades de los líderes mundiales. Para ver más sobre la reforma del Consejo de Seguridad entrá []

El fin de la diplomacia cowboy

Ahora George W. Bush y su equipo de gobierno giraron a posiciones más moderadas con respecto a su diplomacia cowboy y esto incidió en la reactivación del rol de la ONU. El fracaso en Irak, la estrepitosa caída de Bush en su popularidad interna y el aumento del odio anti-norteamericano en todo el mundo, obligaron al mandatario a tener en cuenta a la comunidad internacional en las tres crisis de seguridad más importantes desde el 2003: las aspiraciones atómicas de Irán y de Corea del Norte, y la guerra entre Israel y el Líbano.

El caso del conflicto bélico entre Israel y la guerrilla Hezbollah -que actúa dentro del territorio libanés- mostró lo peor y lo mejor del CS: Estados Unidos lentificó el alcance de un acuerdo general para darle tiempo al Estado israelí de realizar sus operaciones, dando cuenta de la desigualdad de facto que provoca el poder de veto. Pero por otro lado, aunque lamentablemente recién después de un mes, el CS pudo aprobar un proyecto de resolución que fue satisfactorio incluso para Israel y el Líbano.

La tendencia al consenso se afianzó también este año con los grandes desafíos de la República Islámica de Irán y el régimen comunista de Corea del Norte. Ambos países desafiaron abiertamente al selecto club de portadores de armas nucleares. El gobierno de Pyongyang incluso llegó más lejos y demostró tenerlas haciendo un test atómico en la península coreana.

Está demostrado que Irán y Norcorea fueron más lejos que Saddam Hussein y sus amenazas pobres que ni siquiera tenían fundamento. Sin embargo, lo que hasta no hace tanto hubiera reclamado una represalia militar, pudo resolverse dentro del marco del Consejo de Seguridad y por acuerdo unánime entre sus integrantes.

Que nadie lo dude, el autor de esta nota no se volvió loco ni sufre una sobredosis de idealismo. Pero sí cree que vale la pena destacar que en un año cargado de crisis de seguridad a nivel internacional, se pudo conseguir -con aciertos y errores- más tarde que pronto, y con muchas cosas aún por mejorar, un consenso entre La Superpotencia, las potencias y los países subdesarrollados, que no derivó en guerras injustificadas ni sanciones unilaterales.

Queda mucho por aprender y mejorar en las instituciones supranacionales como las Naciones Unidas. Pero que las naciones puedan ponerse de acuerdo entre semejante diversidad, ante tal lucha de intereses, puede llevar a pensar en que, como dice Louis Amstrong, éste es un mundo maravilloso.

[] En la teoría de las relaciones internacionales se definen dos vertientes bien marcadas: el realismo y el institucionalismo.

Los realistas (en versión estructuralista y no estructuralista) no creen que sea posible la cooperación entre los Estados, salvo en mínimos temas de seguridad. Por lo tanto, descreen del rol importante que puedan cumplir las instituciones supranacionales (como la ONU). Siempre se impone el agente más fuerte y la meta es incrementar el poder propio y las ventajas absolutas con respecto al resto. Este enfoque prioriza la seguridad por sobre todas las cosas. Los institucionalistas, también llamados liberales o multilateralistas, confían en la posibilidad de una favorable cooperación entre los Estados, en temas que van más allá de la seguridad. Su meta también es afianzar las instituciones supranacionales, porque creen en su utilidad para las relaciones internacionales. Consideran positivo obtener ventajas relativas y no absolutas mediante la cooperación.

[] Estas son las funciones del Consejo de Seguridad según indica la Carta de las Naciones Unidas:

• mantener la paz y la seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de las Naciones Unidas; • • investigar toda controversia o situación que pueda crear fricción internacional; • • recomendar métodos de ajuste de tales controversias, o condiciones de arreglo; • • elaborar planes para el establecimiento de un sistema que reglamente los armamentos; • • determinar si existe una amenaza a la paz o un acto de agresión y recomendar qué medidas se deben adoptar; • • instar a los Miembros a que apliquen sanciones económicas y otras medidas que no entrañan el uso de la fuerza, con el fin de impedir o detener la agresión; • • emprender acción militar contra un agresor; • • recomendar el ingreso de nuevos Miembros; • • ejercer las funciones de administración fiduciaria de las Naciones Unidas en “zonas estratégicas”; • • recomendar a la Asamblea General la designación del Secretario General y, junto con la Asamblea, elegir a los magisterios de la Corte Internacional de Justicia . •

El Consejo de Seguridad está organizado de modo que pueda funcionar continuamente. Un representante de cada uno de sus miembros debe estar presente en todo momento en la Sede de las Naciones Unidas. El Consejo se puede reunir también fuera de la Sede. En 1972, por ejemplo, se reunió en Addis Abeba (Etiopía) y, al año siguiente, en la ciudad de Panamá (Panamá).

[] acá-> http://www.cinu.org.mx/onu/reforma_cs/reforma_cs.htm