Silvina Fainberg, sutileza de Clarin.com

Silvina Fainberg, sutileza de Clarin.com

Las cuestiones jurídicas suelen confundirnos y hay varias dudas que quisiéramos saldar, por eso Opinión Sur Joven dialogó con la abogada Silvina Fainberg para que nos explique el impacto de lo legal en la vida de todos. El incumplimiento de las leyes, los plazos legales, las posibilidades de ganas o perder, los costos y las posibles represalias son los temas que más preocupan a sus clientes.

“En mi trabajo como abogada  recibo  a diario consultas acerca de las implicancias  de un proceso judicial. Algunas de las inquietudes de mis clientes  tienen que ver cuestiones técnicas, procesales y demás, pero otras son más complejas de explicar, de comprender y en definitiva, de aceptar. Son preguntas  relacionadas con el  ir a juicio”, explica Fainberg.

¿Por qué hay que ir a un juicio?

La mera existencia de una ley no provoca  un “derecho adquirido”. Aunque parezca una obviedad, las leyes se incumplen todo el tiempo y muchas veces  pueden repararse, frenar o modificar este incumplimiento a través de un proceso judicial.

Para poder llevar un caso a juicio hay que conseguir documentación, asesorarse, hacer interconsultas con otros expertos, firmar escritos, conseguir pruebas y demás. Quién alega un hecho, debe probarlo, es una regla de oro en materia procesal.

Hay otros casos, donde no hay un incumplimiento legal en si, pero donde es necesario atravesar un juicio para lograr algo. Martín, por ejemplo, es un cliente de 40 años que llegó al estudio para asesorarse respecto de una herencia que recibió de sus padres. Sin ningún tipo de experiencia legal previa, tuvo que informarse sobre todos los requisitos que necesitaba para tramitar un juicio sucesorio y así poder disponer de la casa que había pertenecido a sus padres. A través de un proceso judicial logró incrementar significativamente su patrimonio.

¿Cuánto  tiempo dura un juicio?

Lo primero  que hay que saber es que cada caso es único y los tiempos no son iguales para todos los juicios. Si bien en la República Argentina existen leyes procesales que fijan los plazos para cada tipo de proceso de judicial, esta circunstancia es meramente orientativa.

La duración de un pleito tendrá que ver con las gestiones de los profesionales intervinientes, el juzgado actuante, el fuero, la competencia territorial,  las cuestiones que puedan plantearse dentro del propio expediente y, finalmente, cuestiones externas -nuevas leyes, política de turno y otros-, que sin dudas van a provocar impacto en el punto de culminación de un expediente.

Marcela, una odontóloga de 40 años, vino al estudio para asesorarse sobre los requisitos para tramitar un divorcio de común acuerdo sin hijos menores. Grande fue su sorpresa cuando le informé que podía lograr en un plazo menor a los seis meses una sentencia de divorcio.

¿Voy a ganar el juicio?

Hay  casos que son verdaderamente injustos. Situaciones de desamparo en materia de salud, maltratos laborales, incumplimientos contractuales, despidos arbitrarios y demás. Mis clientes  narran sus vivencias de vida: un abandono devenido en divorcio, la estafa de un socio, el acoso de un jefe autoritario, la negativa de la obra social. La lista es casi tan extensa como la vida misma.

Sin embargo, nadie tiene el éxito asegurado.  No todo caso “injusto” implica  que el juicio se gane. Los clientes llegan con todas las pruebas: fotos, cartas documentos, testigos y demás. Es ese sentido es importante ser clara y ética al respecto, los procesos judiciales son derechos en expectativa, es decir, nunca se podrá garantizar un resultado. La razón es simple, nunca sabremos de que modo va a resolver el juez.

Podremos acercarnos en función de los hechos, el derecho y las pruebas con las que contemos pero hasta que no exista un resultado en ese sentido conviene no festejar por anticipado. Muchas veces los juicios pueden ganarse en una primera instancia y luego darse vuelta en una instancia superior. Por eso hay que ser precavidos y esperar que culminen todas las instancias procesales.

Hay otros juicios, como en las sucesiones donde en general no se obtiene una sentencia que obligue a pagar a otro pero uno puede lograr a través de estos juicios un incremento importante en su patrimonio. En estos casos hay que abonar sellados, tasas y honorarios pero siempre hay que pensarlo como una inversión ya que uno logra con estos juicios  el aumento de sus bienes.

¿Qué pasa si pierdo un juicio?

Situaciones injustas de la vida cotidiana nos hacen querer demandar al otro que nos afectó o lesionó algún tipo de derecho. Es importante estar bien asesorado, con profesionales siempre y consultar respecto de los riesgos de litigar. Conviene informarse sobre lo que puede pasar cuando el pleito no arroje a un resultado favorable y tenga que soportarse una condena en costas, como pagar honorarios de los abogados de la otra parte, tasa de justicia, honorarios de peritos y demás. Si uno quiere estar exento de estos costos, deberá demostrar y solicitar un beneficio de litigar sin gastos demostrando que no puede afrontar todos estos costos -puede ser concedido o denegado-. Es un beneficio excepcional.

Esteban es un empresario de 30 años quién desistió de demandar a su vecino por una serie de discusiones públicas en el edificio donde vivía. Su decisión se basó en las posibilidades de que no prospere su demanda y tener que afrontar las costas del proceso.

Quiero que mi caso sea ejemplar, ¿es posible?

Algunos clientes intentan lograr a través de un proceso judicial una sentencia ejemplar para poner fin a los abusos por parte de empresas de servicios públicos, entidades bancarias y demás.

En la República Argentina existe un control de constitucional difuso. A diferencia de países que se basas con el sistema de precedentes judiciales, en nuestro país se debe dictar la inconstitucionalidad de una norma ley para cada caso en particular. Y esa resolución  no es obligatoria para los demás procesos judiciales. Por lo tanto, hay que tener en cuenta que –salvo en casos muy excepcionales- el lograr como usuarios o consumidores una sentencia favorable no provocará un cambio en la política de una empresa o un particular demandado por nosotros.

Verónica, una profesora de inglés de 45 años, había llegado al estudio porque quería  amparo lograr que su prepaga “aprenda” y no  haga a otros asociados lo mismo que a ella. Buscaba darles una lección. Fue importante explicarle que la sentencia iba a beneficiarla directamente a ella y que probablemente la política económica de su empresa de salud no iba a modificarse.

Hay batallas y batallas

“Es importante llevar a tribunales las batallas que consideremos oportunas desde lo personal pero siempre con el debido asesoramiento profesional. No olvidar, entonces, que  el ejercicio activo de un derecho implica una verdadera posición en la vida.  Litigar puede provoca un verdadero impacto en lo social y comunitario. Hay que recordar que muchas veces,  las leyes surgen con posterioridad a los reclamos judiciales de los ciudadanos  Por lo tanto, hay que hacerlo con responsabilidad.  De no ser así, se estaría amenazando a las generaciones futuras ya que la reparación devendría utópica y hoy más que nunca es necesario a todo precio, prevenir los daños”, concluye la abogada Silvina Fainberg.