Argentina sufrió una tragedia el mes pasado. Intensas lluvias y el desborde de un río provocaron un alud de tierra e inundaciones que devastaron la ciudad de Tartagal, en la provincia de Salta, al norte del país, cerca de la frontera con Bolivia. Hubo varios muertos, decenas de heridos y pérdidas materiales millonarias. En una zona estructuralmente pobre, el alud se llevó lo poco que muchos tenían. Y quedaron en la nada. Con nada.

Tragedias naturales pasan seguido. Más en estos tiempos de violentos cambios en el medio ambiente, con un clima enfurecido que insiste en hacernos recordar que la que manda es la naturaleza y no el hombre. Pero cuando se descubren que estas tragedias pueden haber sido causadas, al menos en parte, por la negligencia humana, el matiz cambia.

Greenpeace y otras organizaciones no gubernamentales, junto con varios habitantes de la zona de Tartagal y algunos especialistas que hablaron por los medios, aseguraron que el desmonte indiscriminado en esa región de selva subtropical fue parte esencial de la génesis de esta catástrofe natural y humanitaria.

Si bien el gobierno argentino negó esta asociación de hechos, la presidenta Cristina Kirchner promulgó, sugestivamente, la Ley de Bosques, demorada desde hacía más de un año, a través de la cual se modera y regula el desmonte para adecuarlo a la situación ambiental de cada zona.

Recién comienzan las obras de reconstrucción de la ciudad y es muy temprano para emitir juicios constructivos y fehacientes. En un año electoral como vive el país, es fácil que todo tema sea politizado. Todavía no hay informes técnicos de envergadura que puedan asegurar que el desmonte fue cómplice.

Pero la política medioambiental errática de la Argentina y los testimonios de los habitantes de la zona obligan a preguntarse si hay relación entre ambos hechos. Esto nos fuerza una vez más a no permitir que la necesidad de actividad económica se interponga en el desarrollo sustentable. Si se comprueba esto, Tartagal puede llegar a ser un buen ejemplo de que no hay futuro sostenible para las sociedades sin pensar en respetar el ecosistema que las rodea.