Uno de los temores más frecuentes al hablar de cambio climático es que se derritan los polos y el mundo termine inundado. Dicen que para el año 2100 el nivel del mar podría aumentar hasta las rodillas de las personas promedio. ¿Mito, realidad o un poco de ambas?

Los hielos polares se derriten y quienes vivimos en zonas costeras vamos a terminar inundados o refugiados en alguna sierra que se ofrezca a hospedarnos. Ese es el gran miedo de los que más temen a los efectos del cambio climático.

Películas como “El día después de mañana”, entre otros documentales, hicieron que quede flotando (valga la redundancia) la idea de que pronto la Antártida y los hielos árticos estarán derretidos.

El temor no es infundado. Las predicciones del IPCC (el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de Naciones Unidas) dicen que los niveles del mar aumentarán unos 18 centímetros para 2040 y unos 48 centímetros para 2100, en el caso más extremo. Haciendo una extrapolación grosera, si se cumplieran esos pronósticos podríamos decir que si este autor visitara una ciudad costera en 2040, el agua le llegaría hasta la pantorrilla, y si lo hiciera en 2100, hasta la rodilla.

¿Mito, realidad o un poco de ambas?

Para conocer un poco más sobre este tema, Opinión Sur Jovenentrevistó a un meteorólogo e investigador especializado en temas antárticos. Mariano Mémolli -quien se desempeña actualmente como Director del Instituto Antártico Argentino- pone blanco sobre negro. “Es cierto que hay una disminución del hielo polar, tanto en el polo norte como en el polo sur. Pero todavía no está debidamente estudiado cuáles pueden ser las consecuencias y qué cosas podrían pasar”.

Según datos de un estudio de la NASA, el calentamiento global [1] aceleró en un 75% el deshielo anual en el continente antártico durante la última década. A través de imágenes satelitales se descubrió que el proceso está más acelerado en el oeste del casco polar, mientras que permanece más estable en el este. Sea como fuere, el frágil equilibrio natural de la zona está amenazado.

Durante 2006 los glaciares volcaron unos 192.000 millones de toneladas de hielo del continente blanco a los océanos. “En el período que abarcó nuestro estudio, la masa de hielo total ciertamente disminuyó y la pérdida aumentó hasta un 75% en 10 años”, revela el informe científico.

Mémolli confirma estos datos y explica que se registra un 5% menos de masa de hielo antártica. Esto es más notorio en la zona peninsular y en las islas subantárticas, mientras que la cantidad de hielo es más estable en la meseta antártica.

“Pero se nota que la temperatura está aumentando, y aunque hoy por hoy lo que se transforma en agua es irrelevante, preocupa la disminución del hielo marino (que representa 100 millones de km2 en invierno), que es el que enfría el agua, que a su vez es la que mantiene el equilibrio de las temperaturas del mundo a través de las corrientes marinas. Si disminuye ese hielo (que lo hizo ya entre un 10 y un 15%) peligra el equilibrio climático”.

El deshielo acarrea otros problemas, como la disminución de la sal en el mar por la mezcla con el agua dulce de deshielo. Esto trae, entre otras cosas, alteraciones en las cadenas alimentarias.

Otro dato alarmante es que la temperatura en la península antártica -la región más próxima al cono sur americano- llega actualmente a los cinco o seis grados en verano, cuando antes apenas superaba el 0°. Eso genera que ahora aparezcan lluvias y precipitaciones donde antes sólo nevaba. [2]

Un informe financiado por la Comisión Europea indicó que el hielo que rodea el Polo Norte se redujo un 7,4% en los últimos 25 años, cuyo récord de tamaño más pequeño tuvo lugar en septiembre de 2002.

Más caliente que en un millón de años

Según el informe “Seis Grados” elaborado por National Geographic, la temperatura actual de la Tierra es la más alta del último millón de años y el ritmo en que aumenta es preocupante. [3]

Mark Lynas, director del proyecto, ratifica la gravedad que tiene el fenómeno de los deshielos en el Polo Norte y asegura que el hielo en Groenlandia –que tardó quince mil años en conformarse- está en franco derretimiento. Su glaciar más grande se estaría derritiendo dos veces más rápido que tres décadas atrás.

Frente a este panorama, es humanamente lógico temer que se avecine un caos, pomposamente escenificado en películas como “El día después de mañana”. Allí, el enfriamiento de las corrientes marítimas por el deshielo deriva en una nueva era glaciar. ¿Esto sería posible?

Para Mémolli es posible, pero dice que son sólo teorías. “Existen opiniones divididas. Es cierto que podría pasar, porque habría más agua fría que impediría que las corrientes cálidas se dirijan a las zonas cálidas. Pero no se sabe bien cuál es la capacidad de incorporar más agua de los océanos. Hasta ahora, en Tierra del Fuego (la provincia argentina más cercana a la Antártida) no se registró pérdida de costas, por ejemplo”.

Pese a las proyecciones, sería precipitado estimar las consecuencias del fenómeno. Por eso, mejor que preocuparse es ocuparse, y concientizarse y concientizar sobre la importancia de la disminución de los gases de efecto invernadero. También es clave la protección política y ecológica de los polos.

¿Por qué política? Mémolli cuenta un dato preocupante que responde la pregunta: “Se calcula que hay petróleo en la Antártida, pero están prohibidas la prospección y la explotación de hidrocarburos allí. El problema es que, al momento de firmar el Tratado de Madrid [4] (donde se lo prohíbe), el crudo estaba a 15 dólares, y ahora está a 100. Hoy la situación es otra. Y ya hay países que han mencionado la posibilidad de explotar los recursos allí”.

Gran Bretaña es uno de ellos. Londres incluyó en una agenda gubernamental esa posibilidad, “algo impensado hace 50 años”, asegura Mémolli. El gobierno británico habló de “explorar la utilización de los recursos naturales (antárticos) en el contexto del cambio climático global”.

A pesar de estar en el último rincón del globo, y más allá del tema del deshielo, la Antártida es vital para la operatoria climática terrestre. “Es formadora del clima mundial. Al estar centrada en un polo emite vientos desde el sur al norte, y son vientos fríos. Si eso desaparece, los inviernos pasarán a ser cálidos y cambiará la condición climática en Sudamérica, África y Oceanía”.

La masa total de los hielos polares representa el 90% de los que existen en el planeta y el 70% de las reservas mundiales de agua dulce. No es poca cosa para empezar a prestarle cada vez más atención.

[1] Para los que aún no lo saben, el calentamiento global es producido por la liberación de los gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, los cuales tienen la propiedad de retener el calor que emite la superficie terrestre, impidiéndole así enfriarse para conservar el equilibrio térmico del planeta y determinando la producción de un lento pero continuado incremento de la temperatura global.

[2] El rango de temperatura usual en el continente antártico está entre los -30 y los -70 grados en la meseta, y entre el 0 y los -20 en la zona costera y peninsular.

[3] La realización del informe fue encabezada por el científico Mark Lynas y recibe este nombre porque hace una proyección de qué pasaría con un sucesivo aumento de temperatura de 6 grados.

[4] La Antártida cuenta con el Protocolo de Madrid, que entró en vigencia en 1994, que fija fuertes pautas ambientales y define que “el continente debe ser prístino y preservado de toda contaminación”. Además, determina zonas especialmente protegidas y biológicamente sensibles, como los yacimientos. Previo a Madrid existe el Tratado Antártico, consagrado en 1959 y entrado en vigor en 1961. Con 29 firmantes y 45 adherentes, el tratado fue ungido en plena guerra fría, por lo que su bisagra fue proclamar al continente blanco “libre de armas atómicas”.