El mes pasado Armenia y Turquía reanudaron sus relaciones diplomáticas luego de un siglo de hostilidades. Sin embargo, se cree que la firma de un tratado podría poner en duda la veracidad del genocidio armenio perpetrado por los turcos en la Primera Guerra Mundial donde murieron un millón y medio de personas. “¿Qué pensaría el mundo si Alemania aún no hubiese reconocido el Holocausto realizado durante el gobierno nazi y estuviese a punto de firmar un tratado con Israel en el cual se decidiera analizar su existencia?”, se pregunta el autor de esta nota.

A Eduard Nalbandian, el canciller armenio, no le convencía el discurso que su par turco, Ahmet Davutoglu, había previsto leer luego de la firma de los protocolos. Al parecer, le pidió que borrara uno de los párrafos, pero Davutoglu se negó. La secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton, que recién había abandonado el hotel donde se hospedaba Nalbandian, al enterarse de lo que estaba sucediendo dio media vuelta. Entre conversaciones telefónicas con Davutoglu y negociaciones con el canciller armenio, finalmente logró ponerlos de acuerdo en que se cancelaran ambos discursos. El acto duró los ocho minutos necesarios para firmar los protocolos, darse la mano y partir cada uno por su lado.

De esa forma, el pasado 10 de octubre Armenia y Turquía reanudaron sus relaciones diplomáticas después de 16 años de incomunicación. Muchos tomaron el hecho como algo positivo. Pero lo cierto es que ninguno de los dos países recibió la noticia con demasiado entusiasmo.

Son principalmente dos los puntos de los textos firmados que generan discordia. El primero es el acuerdo de establecer una comisión mixta de historiadores para “implementar un diálogo sobre aspectos históricos”. Es decir, para investigar si realmente existió un genocidio armenio perpetrado por el Imperio Otomano a principios del siglo XX. A pesar de que el presidente armenio Serge Sarkissian aseguró que “tener relaciones con Turquía no debe de ninguna manera generar una duda sobre la realidad del hecho”, la comisión mixta se transforma entonces no sólo en una ofensa para el pueblo armenio y su diáspora, que manifiestan abiertamente su desacuerdo con los protocolos, sino también para los organismos internacionales y los Estados que ya lo han reconocido.

Para ponerlo en otras palabras: ¿Qué pensaría el mundo si Alemania aún no hubiese aceptado el Holocausto realizado durante el gobierno nazi y estuviese a punto de firmar un tratado con Israel en el cual se decidiera analizar su existencia?. Sería una aberración. Las quejas no tardarían en llegar. De igual manera debería reaccionar el derecho internacional ante los protocolos. Históricamente el negacionismo no hizo otra cosa que allanar el camino de la impunidad. “¿Acaso alguien recuerda hoy el genocidio armenio?”, dicen que preguntó Hitler a sus ministros para convencerlos de que un exterminio masivo podría llevarse a cabo sin costos políticos.

Aún tratando de ser comprensivos, cómo podría tomarse seriamente la propuesta turca cuando continúa en vigencia el artículo 301 de su código penal, que sanciona con la cárcel “a cualquiera que humille abiertamente al gobierno, los órganos de justicia del Estado o las estructuras militares”. En otras palabras, a cualquiera que se exprese públicamente a favor del reconocimiento del genocidio armenio, como sucedió con el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk o el periodista turcoHrant Dink, asesinado a tiros a principios de 2007 por un joven nacionalista, que todavía hoy, después de haber confesado la autoría del crimen, sigue sin condena.

El segundo punto polémico de los protocolos es el relacionado al “reconocimiento mutuo de las fronteras existentes entre los dos países”. En los hechos, no es más que la renuncia de Ereván a recuperar sus territorios históricos y la aceptación formal de las fronteras del Tratado de Kars (1921), en el cual se definieron los límites orientales de Turquía sin la participación de Armenia como sujeto de derecho internacional, sino como parte integrante de la Unión Soviética.

Existe además otro riesgo territorial para Armenia, que no está escrito en los textos firmados pero es abiertamente declarado por las autoridades turcas: la retirada de las tropas armenias de Nagorno Karabagh. Fue justamente por este territorio que Turquía decidió cerrar unilateralmente sus fronteras en 1993, luego de una guerra de seis años entre Armenia y Azerbaiyán, que terminó con la independencia –aún no reconocida internacionalmente- de esta región habitada por armenios pero ubicada en territorio azerí.

A principios de septiembre, el premier turco Recep Tayyip Erdogan ya había declarado que “la frontera entre Turquía y Armenia será abierta sólo después de la liberación total de los territorios azerbaiyanos ocupados”. Fue aún más explicito en una entrevista realizada por la agencia azerí Trend: “Podemos acelerar el proceso de adopción del acuerdo, pero eso dependerá de la resolución del conflicto de Karabagh”, aseguró. Los parlamentarios turcos oficialistas también emitieron declaraciones en el mismo sentido e hicieron saber que la aprobación de la apertura será complicada sin que antes haya progresos en el tema.

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Algunos links para ampliar la información:

Sobre el genocidio armenio, Diario Página/12

Armenia y Turquía ponen fin a cien años de hostilidad, Diario El País

Tratado de Kars

Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk