A tres meses de las elecciones legislativas argentinas, se reabre un viejo debate sobre la necesidad de una reforma electoral en el país. Desde boletas únicas a voto electrónico son algunas de las propuestas. Pero ninguna solución es mágica y podrían traer más inconvenientes que resoluciones. Aquí una reseña sobre los problemas a la hora de votar, las posibles soluciones y las contraindicaciones de esas soluciones.

La Argentina se encuentra próxima a una elección nacional y eso vuelve a abrir algunos interrogantes respecto a la manera en que votamos. Algunas voces críticas empiezan (¿vuelven?) a pedir una reforma electoral, de modo de garantizar una mayor transparencia en el voto. Así empiezan a surgir palabrotas como “voto electrónico”, “boleta única”, “lista sábana”, entre otras. ¿Pero qué es todo esto? ¿Es verdad que nuestro sistema electoral es malo? Veamos un poco.

¿Cómo votamos?

Para los lectores de otros países, y también para los argentinos a los que no les importa mucho este tema, va una breve reseña de cómo se vota en este país.

En la Argentina se vota (a nivel nacional) cada dos años. Se elige la mitad de los diputados y un tercio de los senadores. Además, una vez cada cuatro años, se designa presidente y vice.

Como la Argentina –al igual que Estados Unidos y Brasil- es un país federal, se elige por provincia: cada distrito selecciona quienes serán los que los representarán en el Congreso. No hay, como sucede en otros países, legisladores que sean votados a nivel nacional, sino que cada uno se presenta en su jurisdicción.

En el caso del Senado, todas las provincias eligen tres senadores cada seis años, independientemente de su cantidad de habitantes. En Diputados, el número de bancas en juego depende de la población. Así Buenos Aires, que es la provincia más poblada, elige 35 diputados cada dos años. En cambio, las menos pobladas seleccionan entre dos y tres representantes.

El que organiza la elección es el Ministerio del Interior, que depende del Poder Ejecutivo. En otros países esto lo hace la Justicia, que aquí sólo fiscaliza y elabora los padrones, es decir el listado de quiénes están habilitados para votar y quiénes no. Ese Ministerio imprime las boletas de cada partido político.

El día de la elección (siempre en domingo) las escuelas se abren especialmente para el comicio. Cada votante tiene pre-asignada una mesa y un aula, al que se denomina cuarto oscuro. El elector ingresa al cuarto oscuro y elige una de las papeletas de alguno de los partidos. En esa boleta puede haber más de una categoría de votación (por ejemplo, diputados y senadores) separada por una línea de puntos. El votante puede cortar por la línea de puntos e introducir en el sobre boletas de distintos partidos.

Luego se sale del cuarto oscuro, deposita el sobre en la urna, el presidente de mesa le sella el documento (en la Argentina votar es obligatorio) y se va. Al finalizar la jornada el presidente de mesa, junto a los fiscales partidarios, hará el recuento de los votos de su mesa y enviará un telegrama al centro de cómputos general. Hasta aquí el sistema. ¿Qué problemas tiene?

¿y dónde está la boleta?

Robo de papeles. El primero, el más grave, es que como no todos los partidos tienen la cantidad necesaria de fiscales, las boletas de los partidos más chicos no llegan o son robadas, sin que nadie pueda reponerlas. Cuando el votante ingresa al cuarto oscuro no las encuentra y nadie puede solucionar su problema. Termina votando entonces por cualquier otro candidato.

Efecto arrastre. Si bien existe la posibilidad de cortar boleta y elegir a distintos partidos para los diferentes cargos, pocas personas toman esta opción. Muchas veces sucede que partidos pequeños deciden llevar a un candidato conocido de otro partido para una de las categorías, especulando con que algunos votantes tomarán su boleta. Así se garantizan que algunos desprevenidos terminen votándolos por error. A esto también se le denomina “lista sábana horizontal”, porque una persona toma la boleta desde la punta que ve blanquita, pero se termina llevando también el otro extremo de la lista que no necesariamente está “tan blanquita”.

El recuento: cuando se cuentan los votos, algunos se pierden por el camino. La carga de datos es deficiente o los telegramas nunca llegan. Cuando los resultados son muy parejos y el recuento demora (a veces días), se empieza a poner en tela de juicio toda la elección. Esto no es privativo de la Argentina. Algo similar sucedió en los Estados Unidos en el año 2000, en la elección que consagró a George W. Bush como presidente.

Posibles soluciones

Existen básicamente tres planteos para terminar con los problemas expuestos más arriba. Las tres propuestas son alternativas y complementarias a la vez.

La primera es eliminar lo que se denomina “lista sábana horizontal”. Se refiere a este sistema por el cual en un mismo papel están todos los cargos que se eligen en esa elección. La idea dice que en el mismo cuarto oscuro (un aula), debería haber boletas de distintos colores. Por ejemplo, papel rojo para los cargos de diputados y azul para los de senadores. Cada votante debería poner en su sobre dos boletas: una de cada color, es decir una por cargo. Esto obligaría al elector a pensar su voto para los dos puestos. Actualmente muchos ven el nombre de un referente o líder, y agregan su boleta sin mirar que también están votando para otros puestos.

¿Cuál es el inconveniente de esta idea? Este sistema se utilizó en la elección de 1983, pero se dejó de lado por su complejidad. Es difícil concientizar a la gente de que en cada elección se vota más de una categoría, con lo cual probablemente muchos incautos sólo opten por la más importante (Presidente o senador, por ejemplo) y dejen en blanco la otra. Esto deslegitimaría el sistema.

La segunda propuesta es el voto electrónico. La idea es comprar o alquilar unas computadoras especiales dispuestas para que la gente vote. Existen distintas modalidades de voto electrónico, pero para esquematizar el sistema implicaría que cada elector pueda ingresar al cuarto oscuro y tendría adentro una especie de cajero electrónico, similar al de los bancos. Podría leer en el monitor cuáles son los candidatos en cada categoría y votaría con un teclado. Al finalizar el proceso se imprime un ticket y el votante puede ratificar su elección o cambiar algo. Una vez aceptado, se le arroja otro ticket que debe meter en un sobre, que luego introducirá en una urna. El voto se computa en la máquina y en la urna, para poder cotejar los resultados. [].

De este modo, se evita el robo de boletas, el efecto arrastre y los problemas en el recuento. En apenas cinco minutos se puede tener el resultado provisorio de la elección, dado que cada una de las computadoras podría transmitir sus resultados.

Hasta aquí, todo maravilloso. Pero nada es color de rosas. En primer lugar, los sistemas son costosos. Segundo, requiere enseñarles a los ciudadanos; estamos en un país en que mucha gente no sabe utilizar este tipo de máquinas. ¿Habría jornadas de capacitación? ¿Se deberían hacer varias pruebas piloto? ¿Se debería dejar la posibilidad de que algunos voten de la manera tradicional?

Y último y más importante inconveniente. ¿Quién decidiría qué máquinas se utilizarían? ¿Quién y cómo fiscalizaría que no estén adulteradas? ¿Cómo se evitan filtraciones informáticas o hackeos? ¿Qué pasaría si se descubre que el sistema falló?

“La desventaja quizás más importante del voto electrónico presencial, en cambio, tiene que ver con cómo garantizar la seguridad en todo lo que es el proceso previo a la jornada electoral, con instancias clave que tienen que ver con la auditoría del software y su inseminación en cada una de las urnas electorales”, explica María Inés Tula, una de las mayores especialistas en voto electrónico de la Argentina. Uno de los teóricos más importantes de Internet, Richard Stallman, coincidió. “Votar con computadoras es abrir una puerta grande al fraude. La computadora ejecuta un programa, y el programa puede ser cambiado o reemplazado. Puede ser sustituido temporalmente durante la elección por otro diseñado para dar totales falsos. Ningún estudio del programa que debería correr puede asegurar que otro programa no actúe mal”. Muchos países ya dieron marcha atrás con la medida.

La boleta única

La idea fue promovida por todo el arco opositor al Gobierno argentino: reemplazar las cientos de listas en el cuarto oscuro por una única boleta que tenga todos los nombres, de todos los candidatos. El elector tildaría su voto sobre uno de ellos, lo guardaría en un sobre y emitiría su sufragio. Esto evitaría el robo de boletas y el voto en cadena. Además reduciría el peso de los fiscales a la hora de controlar una elección, lo cual beneficia a los partidos más pequeños.

Pero también tiene problemas. En las elecciones de diputados, por ejemplo en la provincia de Buenos Aires, se eligen 35 aspirantes en una misma lista (aquí no se puede cortar boleta, sino que se vota a toda la lista completa). La boleta única que propone la oposición haría que se deban incluir los 35 candidatos de cada partido, con lo cual la terna sería kilométrica. La otra opción es que en las paredes estén todos los nombres de cada lista pero en la boleta única sólo figure el que la encabeza. El problema es que el elector tendría menos información a la hora de sufragar o terminaría más confundido. También podría pasar, como sucede con el robo de boletas, que alguien rompa los carteles de los partidos más chicos. ¿Quién lo repondría?

Pero aquí no terminan las complicaciones. ¿Cómo se tildará a qué partido votar? ¿Será con lápiz o con marcador indeleble? Debería hacerse de modo de que nadie pueda cambiar el voto. Por lo tanto, un marcador sería lo mejor. Pero así cualquiera podría entrar al cuarto oscuro con un celular, sacar una foto de su boleta marcada e inmodificable. Con esa imagen podrían acudir a un puntero político, mostrarle a quién votaron y que éste dé algo a cambio.

¿Problemas sin solución?

El actual sistema es malo, pero las alternativas pueden hacer que el remedio sea peor que la enfermedad. Entonces, ¿no hay nada que hacer? Es importante rescatar una vieja máxima de los teóricos de los sistemas electorales: no existe un sistema electoral perfecto. Todos tienen sus pros y sus contras, y se adaptan a la realidad de la sociedad en la que se implementan.

Toda reforma política implica un riesgo y dejará como saldo a ganadores y perdedores. Alguien se beneficia y se perjudica con el sistema vigente; también alguien se beneficiaría y perjudicaría con una eventual reforma. Aquellos que pierdan, seguramente no se mostrarán conformes. Es por eso que los manuales de ciencia política recomiendan que las reformas se deben hacer en años no electorales, con tiempo, mucho análisis y con acuerdos entre la mayor cantidad posible de actores políticos. Eso es lo único que garantiza que el día del comicio no se levanten las banderas del fraude.

La Argentina necesita una reforma electoral. La boleta única y el voto electrónico son posibles soluciones si se instrumentan con tiempo y con un análisis que trascienda los intereses electorales del oficialismo o de la oposición.

Ilustración: Hernán Pitarque

¿Te gustó esta nota? Suscribite clickeando acá

[] Existen muchas variantes de sistemas de votación electrónica. Aquí lo simplificamos para que sea más clara la idea