En la primera parte de esta notase hacía referencia a las nuevas formas de participación que surgen gracias a Internet. En esta segunda entrega, se exponen las críticas a la utopía. Teóricos dicen que la Red nos hace cada vez más individualistas y aseguran que la mayoría de las propuestas “democratizadoras” mueren en el intento. Las críticas a las críticas.

El caso de Barack Obama fue y es muy peculiar. Empezó las primarias demócratas con pocas chances frente a la ex primera dama Hillary Clinton, quien llevaba todas las de ganar. Pero poco a poco fue construyendo su popularidad, que le permitió convertirse en Presidente de los Estados Unidos. ¿Cuánto influyó Internet en esto? Por empezar, en algo muy simple como la recaudación: decidió vender merchandising en su sitio Web. Probablemente no haya reemplazado a los aportes de los grandes grupos económicos pero sumó un porotito. Su página de campaña tenía íconos para el MSN, multimedia para el celular, videos, se podían realizar donaciones y hasta contaba con una tienda virtual para adquirir gorros, remeras y tazas con la cara de Obama. Hasta hoy, cualquiera que entra al sitio de Obama debe antes ver un formulario en que se solicita una donación.

Otro ejemplo interesante de esta campaña es el video “Yes We Can”, que fue realizado por un grupo de artistas en base a un discurso de Obama. El video fue colocado en Youtube y recibió hasta ahora más de 30 millones de visitas. ¿Cambia esto el curso de una elección? ¿Qué implican 30 millones de visitas en una población de 300 millones? Tal vez el adecuado uso de esas herramientas permitió que Obama obtuviera unos pocos delegados más que Hillary Clinton y se alzara con la candidatura a la presidencia por su partido. Luego en la elección nacional ya entraron a jugar otros factores.

Para volver a la política argentina, un caso interesante –aunque menos exitoso- fue el de Jorge Telerman, ex Jefe de Gobierno porteño y ex candidato a ser reelecto. Generó un blog en que se comunicaba directamente con “los porteños” para hablar de sus actos de Gobierno, de su campaña o de lo que él quisiera. Lo interesante es que cualquiera podía postear comentarios (¿casi?) sin censura: se pueden encontrar desde mensajes críticos hasta algunos que elogian la pelada del dirigente. ¿Le sirvió para ganar la elección? No, y de hecho quedó tercero. Pero generó un espacio de comunicación directo con los ciudadanos que aún hoy está en funcionamiento y es muy visitado. Una lástima que en los últimos meses se olvidó de actualizarlo.

En relación a esto, Damián Profeta, coordinador para América Latina de Taking IT Global -una ONG internacional que promueve el uso de Internet para la participación juvenil- opina en una entrevista en Opinión Sur Joven“El público internauta que utiliza los recursos de la red se encuentra reducido a una mínima expresión, aunque esto no deslegitima la herramienta. Pensemos en los videos con mensajes de un político. Es un canal que no está mediado, y a diferencia de la información que pasa por los medios de comunicación, el mensaje llega a la persona sin cortes ni interpretaciones previas”.

Lo más interesante de las campañas por Internet –considera Yochai Benkler, uno de los teóricos más importantes de Internet y las nuevas tecnologías- es “la capacidad de que los usuarios se conviertan en participantes efectivos de una conversación y esfuerzo”. Además elogia que cualquiera, sin importar el grado de educación, pueda reproducir el mensaje y relanzarlo. “La esfera pública en red no sólo es más resistente al control del dinero, sino que además es menos susceptible al ‘menor-denominador común’, que es la orientación que buscan adoptar los medios masivos de comunicación”. Los medios masivos tienen que tocar los temas que les interesen a la mayor cantidad de personas; con los nuevos medios, se puede segmentar más porque cada uno toma los puntos que quiere.

¿Un mundo maravilloso?

Internet promueve nuevas formas de participación, pero también se formulan muchas críticas a este espacio público que se genera de manera virtual. Algunas, son resumidas por Benkler, quien luego las refuta una a una.

La primera es la de la sobrecarga de información u “objeción de Babel”. Refiere a que hay tanta, tanta información que se hace cada vez más difícil que una persona media pueda acceder a toda ella: tomando la metáfora de la Torre de Babel, si cada uno habla su propio idioma, si cada uno es emisor de su propio mensaje, entonces es muy difícil que nos podamos escuchar. ¿Quién lee las múltiples páginas Web que hay por ahí dando vueltas?

Dentro de esta misma crítica hay quienes plantean que el dinero que se invierta en la difusión del sitio será determinante. Si esto fuera así, ¿en que innova este modelo? ¿Cuál es la diferencia con el modelo tradicional de comunicación en el que los grandes grupos mediáticos acaparaban toda la atención?

Otra cuestión que se desprende de “la sobrecarga de información” es la fragmentación y polarización del discurso, que fue pensada por Cass Sunstein. Según su postulado, la única forma de enterarme de que existen sitios Web o espacios de participación virtuales es a través de las búsquedas de mis intereses particulares o de referencias o links que se hagan en sitios que ya visito. El problema –dice él- es que uno tiende a buscar materiales afines a su ideología y la mayoría de los sitios linkean a otros espacios de ideología similar. “Si la gente se clasifica en torno a enclaves y nichos, ¿qué pasará con sus puntos de vista? ¿Y qué sucederá con nuestra democracia?”, se pregunta. La respuesta, a su criterio, es una mayor polarización.

Pero esto no se queda aquí. Hay más críticas y para todos los gustos. En Internet es muy fácil publicar. Pero no es tan sencillo difundir. Entonces, hay quienes dicen que esto terminará generando una gran concentración en pocas manos; de hecho, hoy por ejemplo, los sitios de información más visitados son los de los medios tradicionales.

Otra crítica relativiza los efectos democratizadores de las nuevas tecnologías: por un lado, en los regímenes autoritarios los gobiernos pueden ejercer la censura sobre Internet. Otros critican que la brecha digital no permite que esta democratización llegue a todos…

Benkler responde a todas estas críticas prácticamente con la misma frase: “La comparación debe ser hecha respeto al modelo de los medios masivos de comunicación y no con la utopía imaginada a mediados de los noventa sobre la democracia en Internet”. Es decir, Benkler dice –y comparto- que todas estas críticas pueden ser ciertas. Pero lo importante es que –por más que nadie escuche mis opiniones- hoy tengo más posibilidad de expresarme que hace 20 años. E incluso él cuestiona que hagan falta recursos económicos para captar visitas. “El dinero puede ser útil para captar visibilidad, pero la estructura de la Web dice que el dinero es necesario pero no suficiente para llamar la atención”.

Respecto a los temas de brecha digital y censura, vale rescatar una frase de Manuel Castells en su texto “Internet Libertad y Sociedad”. “Tanto Internet, como la libertad, sólo pueden vivir en las mentes y en los corazones de una sociedad libre, libre para todos, que modele sus instituciones políticas a imagen y semejanza de su práctica de libertad”. En síntesis, las sociedades autoritarias, seguirán siendo autoritarias; Internet puede ser una herramienta democratizadora, pero no la solución de todos los problemas.

Más allá de estos puntos expuestos por Benkler, existe otra crítica a este modelo de participación virtual. Cada vez más gente –especialmente jóvenes- “participan” a través de la Red. El temor es que se genere una pérdida de participación territorial, tanto o más importante que la virtual: está buenísimo que usemos Internet para comunicarnos y pensar el mundo en el que queremos vivir; pero mejor aún es que tomemos acciones concretas, que vayamos a pintar una escuela, juntar dinero para un comedor escolar, ir casa por casa a pedir votos para un determinado político, generar cursos de capacitación y talleres presenciales.

Los jóvenes entrevistados para esta nota coinciden con esto y aclaran en todo momento que la participación virtual debe ser un complemento. María Sol Tichnik, coordinadora de Generación Libre, aclara que Internet debe ser vista como una herramienta más y no como un fin en sí mismo. “La participación en Internet no reemplaza de ninguna forma el tipo de participación convencional y no creo que tampoco busque hacerlo. Todo lo contrario: los medios digitales y el uso de las nuevas tecnologías de comunicación (TICs) nos permiten reforzar la participación ciudadana en general. Las TICs son una herramienta revolucionaria, que ha cambiado en gran medida la forma de comunicación y expresión, pero no pueden reemplazar los vínculos del ‘cara a cara’, sino que los refuerzan, consolidan y hasta favorecen la creación de nuevos vínculos sociales”, dice.

Selene Biffi, una italiana que coordina un grupo de jóvenes voluntarios que crea y difunde cursos a través de Internet opina: “Internet y las TICs pueden dar una mano para convencer gente sobre algo, hacer lobby, difundir información, reclutar voluntarios. Pero por otro lado, no se puede olvidar que la brecha digital es todavía muy grande. Por eso es deseable que haya actividades y proyectos en la tierra, especialmente donde las TICs no se puedan meter”. Y agrega: “Además el contacto personal sigue siendo el camino más eficiente”.

Ni buenas ni malas

Nos preguntábamos en la primera parte de esta nota si son Internet y las nuevas tecnologías el camino para resolver la apatía y la falta de participación de los ciudadanos en el régimen democrático. Y nos contestábamos que no. Internet es simplemente una herramienta, cuya utilización final depende pura y exclusivamente de cuestiones sociales que exceden a la tecnología.

Lo bueno, es que mientras miles de millones navegan en páginas pornográficas o buscan los últimos chismes de la farándula, hay unos pocos, una minoría, que decide expresarse y participar; tal vez de otra manera no podría hacerlo. Entonces, bienvenida Internet a la vida política; bienvenida esta nueva esfera pública.

Ilustración: Pitarqué

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+Info

Lee la primera parte de esta nota ¿Nos hace internet mejores ciudadanos? (Parte I)

Damián Profeta, coordinador para América Latina de Taking IT Global, opina sobre el tema en una entrevista en Opinión Sur Joven

Sitio Web de Obama

El discurso de Obama en video “Yes We Can”

El blog de Jorge Telerman