Parecemos estar cada vez más conectados y mejor comunicados. En el instante podemos saber qué está haciendo el otro a miles de kilómetros de distancia y hasta podemos ver sus imágenes y hacerle comentarios. La vida se convierte en un gran reality show. Pero a medida que se profundiza el uso de las redes sociales, la comunicación se despersonaliza. Cuando Internet reemplaza al cara a cara y el chat a las conversaciones vía voz.

Ilustración: Romina Marchetti

Encontrarse con un hermano perdido o desconocido, compañeros de la infancia con los que hace años no hablamos -y mucho menos nos vemos-, tener contacto con familiares que se encuentran en el exterior, chusmear las fotos de los amigos, conseguir trabajo… Son algunas de las actividades que solemos hacer en las redes sociales. ¿Por qué? Porque buscamos relacionarnos, no quedarnos afuera de nada; nos incluimos para no quedar excluidos.

El ser humano es un ser social por naturaleza; para poder “ser” necesita imperiosamente comunicarse, relacionarse con otros. ¿Cuál es el medio más usado hoy para comunicarse? Seguramente la respuesta variará en función de las edades y los lugares de procedencia. Pero entre los más jóvenes, se fueron consolidando en los últimos años las “redes sociales”: Facebook, Twitter, Myspace. 350 millones de personas tienen Facebook. Y si antes los padres se quejaban porque los hijos adolescentes no colgaban el teléfono, pedían que bajasen la música o que apagasen la tele, ahora piden que se desconecten de la computadora y que contesten cuando se les habla.

Chusma, chusma, chusma

Nos encanta comunicarnos, compartir lo nuestro. Todo se basa en chismosear, saber qué hace el otro, tratar de meternos en su vida. ¿Quién no entró alguna vez a Facebook solamente para saber qué hizo otra persona o comentar algo respecto a su estado de ánimo? Todos quieren saber sobre todos.

Queda reflejado que no sólo las mujeres somos chismosas, sino que con el uso de las redes sociales, los hombres -que se jactan de no serlo- terminan visitando la página de un compañero de laburo sólo para saber si se puso de novio o a dónde fue de vacaciones.

Ahora, ¿chusmeamos o nos comunicamos? Las redes sociales son una herramienta de intercambio comunicacional. Este es un medio más para discutir opiniones y hablar con nuestros amigos y conocidos. Sin embargo, me permito cuestionar si esto que hacemos es realmente comunicarnos.

Una perspectiva sería decir que gracias a las redes sociales estamos más conectados y más cerca unos con otros. Ciertas evidencias demuestran todo lo contrario: nos están alejando de la comunicación tradicional. Nuestra forma de relacionarnos con el otro está en un proceso de mutación.

Ahora ya no tardamos meses en saber algo de un familiar que está en el exterior, porque existen muchas formas de estar conectados: teléfono a un costo mucho más accesible, mail, MSN, Skype, además de las redes sociales por supuesto.

Muchos pasan más tiempo frente a una computadora que frente a una persona; así la comunicación se despersonaliza. Ya no nos sentamos a hablar frente a otro sino que la comunicación se produce frente a una pantalla que emite letras e imágenes; en el mejor de los casos, la imagen será de una persona en vivo; en el peor será el dibujo de un avatar.

Cuando entramos a Facebook o a Twitter, o a cualquier otra red social estamos dejando de lado la comunicación corporal y quedamos imposibilitados de toda comunicación humanizada. Estamos reemplazando el contacto humano por el contacto virtual.

La interacción a través de procesos tecnológicos posibilita que las personas no sean totalmente sinceras. Este fenómeno se potencia en las redes sociales. El teléfono, por ejemplo, nos permite oír a quien está del otro lado y detectar estados anímicos, sentimientos, enojos… no es lo mismo que el cara a cara, pero nos da algunos indicios.

El chat nos saca la posibilidad de escuchar a la otra persona y sólo podemos leer lo que escribe. Eso le quita credibilidad al que emite ese mensaje, y ni siquiera sabemos si nos presta atención cuando le escribimos. Seguramente, como nosotros, la otra persona puede estar haciendo muchas otras cosas mientras escribe y esto genera así un ruido en la comunicación. Pero al menos los intercambios son casi instantáneos.

Al escribir en redes sociales, llegamos al extremo de que ni siquiera recibimos una respuesta inmediata a algo que preguntamos u opinamos. En general, no hablamos con nadie, porque del otro lado no hay alguien que pueda hablarnos de inmediato.

Pros y contras

No todo es malo en las redes sociales. Estos nuevos medios sirven para muchas cosas positivas. La tecnología no puede ser desechada, debe funcionar como elemento de progreso y no al revés.

Las redes sociales nos permiten revertir situaciones de anonimato y fomentan la integración. Como ya sabemos la unión hace a la fuerza y estas herramientas nos hacen llegar a metas que de otra manera serían difíciles y hasta imposibles. También sirven para generar vínculos afectivos y de negocios, lo que quizás explica de una manera simple la popularidad de estas redes y que todos nosotros queramos estar dentro de ellas.

Las redes sociales han unido familias, amigos y sentimientos. Si una herramienta permite todas esas cosas positivas, no puede ser tan mala… entonces, lejos de evitar la demonización hay que aprender a usarlas y tener un cierto control sobre el uso que se hace de ellas; el mal aprovechamiento de estos elementos hace que las sociedades y los individuos enloquezcan y terminen usándolas para fines negativos.

Por eso, no hay que olvidarse de que la comunicación verbal es lo que nos diferencia del resto de los animales. Hay que utilizarla y hacerle honor a este privilegio. Seamos inteligentes y hagamos un uso responsable de estas nuevas formas de comunicar.

Ilustración: Romina Marchetti

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Algunas redes sociales para chusmear:

Facebook

Twitter

MySpace

Ilustración: Romina Marchetti