“Los legisladores no trabajan” es uno de los prejuicios más comunes de nuestra sociedad, especialmente potenciado tras el polémico aumento en sus dietas legislativas el año anterior. Sin embargo, ¿en qué consiste realmente el trabajo parlamentario? No es tan fácil como se cree: la política es navegar constantemente entre aguas pantanosas.

En cuestión de números cabe señalar que la Cámara alta cuenta con 72 bancas en tanto que Diputados conforma el grupo más nutrido con 257 miembros. Allí los representantes del pueblo deberían (en rigor) debatir en el recinto cada quince días. Por lo general, los senadores discuten en pleno los miércoles, en tanto que sus pares de diputados lo hacen los jueves. Salvo sendas excepciones cuando se realizan sesiones en simultáneo como lo fue recientemente cuando los legisladores se reunieron para expresar repudio por la destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay. En cuestión de números, según un relevamiento realizado la Cámara baja trabajó en sesiones un total de 67 horas y 59 minutos. Tan sólo 3 horas y 50 minutos más que la Cámara alta, usualmente de mayor actividad.

Las sesiones extraordinarias merecen un párrafo aparte. Se trata de encuentros donde se tratan proyectos que quedaron en el tintero legislativo y sólo son convocadas por el Ejecutivo Nacional. Cabe recordar que el período ordinario comienza el 1° de marzo con el jefe de Estado que inaugura formalmente otro año de la Asamblea Legislativa.

Notorias fueron las sesiones extraordinarias en diciembre pasado en las que, por el recambio legislativo donde el kirchnerismo recuperó la mayoría en ambas cámaras, trató una serie de iniciativas como la prórroga de la Emergencia Económica, facultades extraordinarias y peón rural entre otras.

Acorde a lo estipulado en el reglamento, los temas de cada sesión así como el horario se acuerdan en la reunión de Labor Parlamentaria de cada lunes donde los jefes de los bloques se reúnen con el titular de la Cámara correspondiente. De esta manera, a la hora pactada comienza a sonar una chicharra convocando a los diputados o senadores al recinto. En caso de que hayan pasado cuarenta minutos y no se encuentren como mínimo la mitad de los miembros presentes, el presidente debe levantar la sesión.

Sin embargo el meollo de la cuestión se encuentra en la presentación de proyectos que existen de cuatro tipos: de declaración, de comunicación, de resolución y de ley (éstos últimos son los más difíciles de tratar). Para eso los legisladores cuentan con un equipo de asesores que se encargan de la redacción de los mismos, con los fundamentos correspondientes. Además, tienen entre sus empleados (como mínimo) una secretaria que le organiza la agenda y un agente de prensa encargado de su conexión con los medios. La mayoría de los despachos se encuentran dentro del Congreso aunque, por razones de números, también cuentan con una oficina alternativa conocidas como los respectivos anexo de Diputados y de Senadores en frente del Palacio Legislativo.

Es necesario aclarar que aquellos diputados y senadores que son del interior del país, se encuentran en Buenos Aires de martes a jueves y cuentan con un pasaje en avión reservado todas las semanas para regresar a sus provincias y volver al Parlamento Nacional cuando inicia la semana.

No hay reloj en la labor legislativa: la actividad suele comenzar por la mañana temprano con las reuniones de comisión. En tales encuentros, se debaten los proyectos acordados en la agenda de cada cuerpo. Muchas veces, si el tema es demasiado polémico merece un arduo tratamiento como lo fue la Ley de Matrimonio Igualitario o Muerte Digna, donde acuden especialistas a exponer sus puntos de vista. Con respecto a la titularidad de las mismas, el reparto por las presidencias se realiza cuando se renuevan las Cámaras cada dos años y se modifica (o no) el grupo mayoritaria. Actualmente, no existe tan cosa sino minorías: la primera de ellas es el Frente Para la Victoria en ambos recintos. Tal es así que de las 45 comisiones permanentes en Diputados, el partido oficialista controla 28.

Al igual que el recinto, para trabajar necesitan que se encuentren reunidos la mitad de los presentes y es el presidente de la comisión quien introduce los temas secundado por un vicepresidente y un secretario, mientras que el resto ocupan el lugar de vocal.

Como siempre hay una excepción a la regla, se encuentran las comisiones bicamerales compuestas por diputados y senadores. La más creada recientemente es la que analizará la reforma del Código Civil y Comercial.

Para que un proyecto tome estado parlamentario, es necesario que se presente en mesa de entrada, se le dé ingreso formal en la sesión y luego es girado a las comisiones correspondientes donde será tratado. Una vez que obtiene la aprobación en tales comisiones o dictamen (o “despacho favorable” como se dice en la jerga legislativa) está listo para ser tratado en el recinto. El paso final para la promulgación de una ley es su aprobación vía decreto por parte del Poder Ejecutivo.

Es cierto que los prejuicios los acompañan constantemente a los legisladores. Algunas veces trabajan con ímpetu mientras que otras son criticados por su falta de desempeño, como lo fue el famélico 2009 o incluso el año anterior ya que sus esfuerzos fueron destinados para los comicios presidenciales.

Sin embargo, en lo que va durante el primer semestre del 2012, el Congreso de la Nación sancionó 20 leyes en 22 sesiones. Si bien consta de una menor cantidad de normas avaladas respecto al período anterior cuando los aprobaron 23 leyes en 11 sesiones, lo cierto es que la calidad parlamentaria ha aumentado su peso. Entre ellas caben mencionar: la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, la modificación al Código Electoral, la Ley de Identidad de Género, Ley de Muerte Digna y, la más llamativa, la expropiación del 51% de YPF-Repsol.

El calendario indica que en tres meses culmina el período ordinario, veremos con qué más nos siguen sorprendiendo.