Es una opción ideal para estudiantes o profesionales jóvenes: te permite organizar tus propios horarios, tener varios trabajos o proyectos a la vez y ahorrar gastos de viáticos y comida. Sin embargo, también encierra riesgos. Aquí, algunos consejos para que te organices mejor. Además, cuáles son las potencialidades que tiene el teletrabajo como opción para generar riqueza

Estudiar o trabajar… ¡Qué dilema! ¿Son opciones opuestas? No necesariamente, aunque bien sabemos que el día tiene 24 horas y es imposible dedicarse a todo por igual, máximo cuando las dos requieren una dedicación importante de tiempo.

¿Cuál es más importante para el futuro profesional? Creo que ambas. Sin la combinación de experiencia y estudios, la formación personal será incompleta. Al menos a mi criterio, es necesario pasar por distintos trabajos antes de recibirse.

Es importante ir complementando las distintas experiencias, sin perder de vista el objetivo final, que es lograr tener el tan ansiado título universitario. Por eso, una buena opción para aquéllos que están estudiando es trabajar desde casa. También puede ser buena para madres jóvenes o profesionales que recién empiezan (y que aún no tienen dinero para tener una oficina o consultorio propio).

¿Qué ventajas ofrece esta alternativa? La principal es la flexibilidad horaria. En la mayoría de los trabajos desde casa no tenés que cubrir un tiempo, sino un objetivo, lo que permite que acomodes tus horarios a tus necesidades. Podés cursar de mañana, de tarde o de noche, en función de las materias que elijas, y supeditar tu tiempo de trabajo a tu cursada y no al revés. En algunas universidades hay variedad de oferta de cátedras y muchas son malas o no apuntan a lo que uno busca. Para esos casos es conveniente no estar tan restringido.

Otra ventaja son los ahorros en viáticos: no sólo los dos pesos del colectivo, sino el tiempo que esto representa; en promedio se pierde una hora diaria para ir y volver. Si se tiene en cuenta ese sueldo por hora, se observará que el dinero que se pierde por mes es mucho mayor. Los gastos en comida también suelen ser elevados.

Un último beneficio, que no es válido para cualquier profesión, es la posibilidad de exportar servicios. Podés ser contratado por una empresa, organización o un particular extranjero que no pagará en moneda local, sino en dólares o euros y permitirá multiplicar las ganancias. Rubros que permiten esto: corrección, traducción, diseño gráfico, informática (ver el caso de Colaborativa.net en Opinión Sur Joven de septiembre) diseño industrial, música (el caso de The Kavanaghs, una banda rosarina es un buen ejemplo, o periodismo. Ultimamente aparecieron otras variedades: venta de servicios online, de secretarias, abogados, arquitectos, ingenieros, asesores en comercio exterior, especialistas en marketing, entre otros.

No para cualquiera

Pero no todo es color de rosas en la vida del teletrabajador. Existen muchos riesgos y situaciones que hay que tener en cuenta: organizarse bien es la clave del éxito.

La facilidad horaria y la falta del control del jefe pueden ser un arma de doble filo. Es importante administrar los horarios y evitar distracciones. Es muy útil armarse un cronograma de trabajo semanal donde quede bien en claro qué tiempos se le dedicará a cada trabajo o proyecto, y ser consecuente con ese cronograma, salvo cuestiones de extrema urgencia.

Seguramente se te va a mezclar el trabajo con la vida privada. Nuevamente la importancia del orden. Intentá responder mails laborales en los horarios estrictamente laborales y no contestar sobre un proyecto mientras se está trabajando con otro. Para algunas personas puede ser bueno tener casillas de mail separadas para el trabajo y la vida personal, o incluso por proyecto: cuando una empresa u organización te contrata suele darte una dirección con dominio propio, lo que por otra parte aparece como más profesional.

Hay que evitar demorarse en la cama. El tiempo de laburo debe empezar temprano, dejándose un buen margen para desayunar, leer el diario, etc. Es decir, levantarse a la hora que hay que empezar a trabajar no es opción, porque hay que plantearse horarios realistas.

Para ordenarse mejor, hay quienes recomiendan vestirse antes de empezar. Ir cada dos minutos a la heladera o bañarse en la mitad del tiempo de trabajo son prácticas que se deben evitar (te lo digo recién bañado y con un café recién hecho).

No obstante, perdón por la contradicción, también hay que tener en cuenta una realidad que seguramente entenderán quienes trabajan en relación de dependencia. En cualquier laburo se bajan mails personales, se para un rato para tomar café, se charla (¡Y mucho!) con los compañeros (tanto de temas laborales como personales) e incluso se camina por la oficina con cara de preocupado para que tu jefe piense que estás colmado de trabajo. También se pierde tiempo ordenando papeles o tu espacio laboral.

En tu casa te puede pasar lo mismo, y no está mal que así sea: no podemos estar todo el tiempo trabajando como robots, con lo cual es importante que existan esos momentos de distensión, sin que eso se pase para el otro lado.

Otra cosa importante es dejarle en claro a madres, novias, esposas, hijos o amigos que vos estás en tu casa, pero estás ¡Trabajando!. No pueden venir cada dos minutos a interrumpirte.

La infraestructura necesaria

No puede faltar una buena computadora. ¿Conviene tener una notebook? Los especialistas no se ponen de acuerdo, pero lo cierto es que tampoco nos importa demasiado, porque son inaccesibles para la mayoría de los jóvenes latinoamericanos (valen 1300 dólares aproximadamente) con lo cual vamos a desestimar esa posibilidad. Una PC común oscila entre los 250 y 400 dólares.

Según la profesión se hace necesaria una impresora, un escáner o ambos. En impresoras las opciones varían entre 50 y 300 dólares, según sea una chorro de tinta o láser. Atención que existen algunas marcas muy baratas (como la Lexmark) que si bien ofrecen un muy buen precio de compra, sus cartuchos tienen costos altísimos y es imposible comprar alternativos o recargar. Un escáner de marca (que además permite usarse como fax) cuesta 80 dólares. También están los equipos multifunción que tienen impresora, escáner, fotocopiadora -e incluso fax- todo en uno. Algunas opciones son: Lexmark X75 (175 dólares), Epson CX 3200 (276) y HP 1219 (230 dólares). Nuevamente, cuidado con los cartuchos: la Epson, más cara, te terminará abaratando otros costos.

Obviamente, es imprescindible una conexión a Internet; no tiene que ser la mejor, pero sí es conveniente que sea constante, es decir, banda ancha o cablemodem. La intercomunicación vía mail ofrece muchas alternativas, al igual que el MSN o el recientemente difundido Skype, un programa que permite hablar “como por teléfono”. La línea telefónica también es necesaria. Si vivís con tus viejos, es recomendable que te instales una línea independiente, de modo de no molestar a la familia con llamadas laborales y viceversa. Si vivís solo o en pareja también puede ser una opción tener líneas separadas, para que no se mezclen los tantos y mantener ordenadas las finanzas.

Si no te cierra costear dos líneas, existen planes de las empresas telefónicas que permiten tener números distintos manteniendo una sola línea: según a cuál estén llamando, el teléfono sonará de una manera diferente y hasta incluso se pueden poner contestadores telefónicos para cada una. Una buena opción para no atender llamados personales durante el tiempo de trabajo, ni llamados laborales durante el tiempo de descanso.

Por último, el teléfono celular es otra herramienta muy necesaria, dado que es importante que te ubiquen, si tenés reuniones afuera o en horarios que para el resto de los mortales son de trabajo y que vos usás para otra cosa.

Ergonómico y relajado

Una última cuestión importante es trabajar cómodo. Dentro de la inversión inicial es recomendable comprar una silla para la computadora, intentando siempre que sea ajustable en altura, reclinable y con apoyabrazos, de modo de que tus brazos queden en línea recta con el teclado. Son un poco caras: una buena sale 60 dólares.

Algunos recomiendan usar un filtro de pantalla; otros dicen que esto es innecesario pero que conviene ir bajando el brillo del monitor. Los oftalmólogos recomiendan usar gotas refrescantes para el descanso visual.

“Hay toda una gama de las llamadas oficinopatías. Éstas son enfermedades físicas y psíquicas que tienen que ver con las llamadas malas condiciones ambientales: temperatura, ventilación, humedad, ruido y diseño de sillas y escritorios en el ámbito laboral», explicó el médico laborista Roberto Pinto, presidente de la Academia Argentina de Medicina del Trabajo en una entrevista a la Asociación Argentina de Teletrabajo.

«El tiempo de trabajo con una computadora no debería exceder las ocho horas, con intervalos cada dos horas, sin dejar pasar más tiempo», señaló el oftalmólogo Ricardo Longobucco, en la misma nota. Asimismo se recomienda no estar más de 45 minutos seguidos frente a la bendita máquina.

Ganamos todos

Sonia Boiarov es directora del portal de teletrabajo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. En una reciente entrevista aseguró «Creo que Argentina tiene que hacer frente a otro problema: el de la educación. La formación tradicional no enseña a los chicos a ser trabajadores globalizados, y esto debiera comenzar en el secundario y seguir en la universidad. No hay que atarse al espacio local. Y los adultos también deben actualizarse. Hay que mirar hacia delante, por más que cueste, y participar activamente de este fenómeno”.

Y tal vez de esto se trate. Más allá de las ventajas que puede implicar en materia de tiempos y ahorro de costos, especialmente para los jóvenes, el teletrabajo (es decir, la posibilidad de trabajar desde casa, usando las telecomunicaciones) también abre puertas que antes no existían, especialmente en la exportación de servicios.

En síntesis, lo que empezó siendo una buena opción para universitarios, tal vez ahora se haya transformado en una excelente idea, para generar riqueza y empleo en una región que realmente lo necesita. Sólo hay que animarse y organizarse.