El mes pasado una colaboradora de Noruega que está viviendo en la Argentina nos relataba cómo veía a este país. Ahora, nos cuenta algunas curiosidades del suyo. El gobierno te da 2000 pesos por mes para que estudies. Tus viejos te echan de casa apenas terminas la secundaria. Está prohibido comprar alcohol en los negocios después de las 20 y hay que sacarse siempre los zapatos antes de entrar a una casa. Retrato de una sociedad muy diferente a la nuestra.

Cada vez que les cuento esto a mis amigos argentinos, ellos se sorprenden. Para mí es tan natural como para ellos desayunar medialunas o ver parejas besándose apasionadamente en las calles. Sin embargo, no puedo dejar de reconocer que después de conocer otras culturas y realidades, veo que Noruega tiene algunos aspectos que pueden resultar medio raros y otros, que son dignos de admiración.

Tomar como vikingos

Empecemos con algo que claramente no es un orgullo. Los noruegos son conocidos por ser fríos, un poco antipáticos, y definitivamente no tienen talento para moverse. Pero inmediadamente después de tomar unas cervezas se vuelven más sociales y abiertos, y no pueden parar de bailar. En las calles a partir de las 23 hs los fines de semanas, chicos y chicas están gritando, vomitando, llorando, besándose, bamboleándose, cantando, peleando y abrazándose. No hay límites ni vergüenza a la hora de festejar. De hecho, tuve que explicarles a mis amigos de Noruega que vinieron de visita, que acá no se puede tomar tan rápido e ilimitadamente, aún cuando el alcohol no cuesta nada.

Otra de las cosas a las que tuve que acostumbrarme en mi paso por la Argentina fue a la idea de compartir la bebida. En Noruega, en las previas, siempre llevamos nuestras propias botellas. En vez de poner todo sobre la mesa, guardamos nuestros envases debajo de las piernas. En la Argentina eso es ser mala onda. Aunque creo que nuestra actitud tiene que ver con el hecho de que comprar una bebida en mi país significa una gran inversión económica. Un litro de cerveza cuesta lo mismo que lo que se gana trabajando media hora. De todas maneras la idea es que hay que tomar para divertirse: «Si no te enborrachás, no hay fiesta».

La capital de la sobredosis en Europa

Normalmente se asocia a Noruega con un país que cuida a su población con excelentes programas de bienestar y como un lugar donde se extiende una magnífica naturaleza: hay sol a la medianoche y muchos fiordos y montañas. Lo que la mayoría no sabe, es que Noruega también encabeza la lista de países con mayores índices de sobredosis de Europa. Solamente en Oslo, la capital que cuenta con 500 mil habitantes, hay más de 5 mil personas adictas a la heroína y ocurren más de 200 muertes por sobredosis al año. Generalmente la droga es inyectada, lo que aumenta el efecto, la adicción y el riesgo a la sobredosis. Si caminás por las calles en el centro de la capital es inevitable ver chicos drogadictos pidiendo plata, comprando, vendiendo o consumiendo drogas. Mucha gente piensa que éste es un grupo vulnerable, y que si quieren salir de las drogas, tienen la ayuda del Estado que les brinda oportunidades de tratamientos para desintoxicarse. Es difícil conseguir apoyo de la sociedad en Noruega, si tenés una vida problemática, o un poco fuera de lo «normal”. No importa si tenés inconvenientes con las drogas, estás sin trabajo o deprimido; la sociedad no te apoya a menos que demuestres un gran esfuerzo para superarte.

El gobierno te paga para estudiar

Vine a Buenos Aires con la ayuda económica que me da el Estado para mis estudios. El gobierno pagó mi viaje, las clases de español, los gastos de la universidad y la vida diaria. Ya conozco Tanzania y Nicaragua gracias a este sistema, y al mismo tiempo llevo cinco años estudiando en la facultad. Todos los estudiantes noruegos pueden recibir una beca y un préstamo estudiantil por ocho años. La educación es gratuita así que la ayuda económica es básicamente para la vida cotidiana; para que no sea necesario trabajar demasiado mientras estudiás.

La mayor independencia y responsabilidad de los jóvenes empieza justo después de terminar la secundaria. Los chicos se mudan a un departamento propio y no reciben más apoyo económico de sus padres. Para la mayoría eso es buenísimo; sin embargo, el hecho de que sea tan sencilla la posibilidad de estudiar también lleva a la falta de motivación de los estudiantes. En promedio los noruegos dedican 25 horas por semana al estudio; muy poco en comparación a otros países desarrollados en los cuales los alumnos estudian el doble.

Obviamente que Noruega no sólo se caracteriza por aquellos consumidores de drogas que no reciben ayuda o por estudiantes consentidos y vagos. Es entendible que la primera impresión sea que la gente es fría, ignorante, caradura, aburrida y consentida. En muchos casos, puede ser verdad: «Por favor» y «Qué tal» lo decimos raramente y saludamos con la mano o con un «hola» tanto a amigos como a desconocidos. Pero también es cierto que somos muy trabajadores, ayudamos mucho a los países en vías de desarrollo, no tiramos basura en la calle, y cuando hace frío afuera nos juntamos todos los amigos dentro de las casas con velas, cacao y películas.

Uno de los partidos políticos más grandes quiere bajar la asistencia a los países más pobres, privatizar las escuelas y hospitales, y reducir la inmigración. La oferta cultural es escasa si se la compara con Buenos Aires y no existen los boliches. Tampoco hay tradiciones como el compartir el mate o los asados los domingos. Sin embargo, si tenés paciencia, verás que Noruega está llena de gente cariñosa: aprovechamos los días trabajando o estudiando, las noches socializando (a menudo adentro de las casas) y los fines de semanas estamos en contacto con la naturaleza.

Hablando de eso; este país nórdico es espectacular y los noruegos saben como aprovechar sus paisajes. A 20 minutos de la capital, ya estás en el medio del bosque con un montón de posibilidades recreativas como pasear y caminar en verano o esquiar en invierno. Casi todos tienen acceso a una cabaña en las montañas, en el bosque o cerca del mar.

Puedo decir, entonces, que cualquier joven tiene muchas oportunidades en mi país. Sin embargo, la presión por buscar sueños y realizarlos es alta, y la abundancia de recursos que hay no soluciona los problemas que existen en la sociedad.

Ilustración: Guadalupe Giani

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