¿Querés ser Presidente, diputado, o intendente? Seguramente vas a necesitar algo de dinero para financiar una campaña. Pero en una región con pocos capitales disponibles, estas cosas dan lugar a la polémica. ¿De dónde salen los fondos que bancan la política? ¿Cómo son los controles en distintos países de América Latina?

Generalmente asociado al lado opaco de la política, el financiamiento partidario es un aspecto clave para que funcione cualquier democracia. Los recursos materiales (dinero, publicidad, etc) son tan importantes como los simbólicos (ideología, discurso, etc) para hacer elecciones internas, campañas y sostener una estructura partidaria o un candidato a lo largo del tiempo. Necesarios y deseables.

El problema surge cuando el circuito financiero que alimenta al sistema político tiene fisuras que permiten evadir regulaciones. Existen distintas leyes para generar transparencia y generar más equidad en el acceso a estos recursos. No siempre estas normas se cumplen.

“En las elecciones presidenciales de 2003, el Frente para la Victoria presentó un informe preliminar donde estimaba un gasto de $ 3 para toda la campaña. Pero el informe final declaró gastos por un total de $ 3.000.000”, ejemplifica Laura Alonso, directora ejecutiva de la Fundación Poder Ciudadano [1].

Estos hechos demuestran que las formas de hacer política en el continente siguen dejando las puertas abiertas a otro tipo de financiamientos como los provenientes de los grandes grupos económicos o el narcotráfico. Ellos financian muchas campañas y así pueden convertirse en interlocutores privilegiados con los gobiernos de turno.

El tema es muy complejo porque no siempre estas acciones son ilegales. “Durante las últimas elecciones presidenciales busqué algunos números de CUIL en la AFIP y descubrí que había extranjeros donando dinero, cosa que se puede hacer. Lo llamativo era que todos lo hacían a favor del mismo partido”, cuenta la politóloga Delia Ferreira Rubio [2], que aclara que las mismas promediaban los $4000 por persona. Pero no fue el único caso de acciones poco transparentes desarrolladas dentro del marco legal: “También se dio el caso de un club social de barrio del conurbano bonaerense que donó unos $100.000 a un partido”. Hay que tener en cuenta que los clubes de este tipo manejan normalmente una décima parte de la cifra donada, lo que hace absolutamente inviable transferencias monetarias de esa magnitud para gastos políticos.

Este ejemplo quizás sirve como metáfora del lugar que ocupa actualmente la Argentina a nivel mundial en materia de transparencia aplicada al financiamiento político.

Un político pobre es un pobre político

La primavera democrática, que floreció en América Latina durante los ’80 y parte de los ‘90, puso en la agenda de las resurgidas repúblicas algunas cuestiones que antes no eran tenidas en cuenta. Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil fueron algunos de los países que comenzaron a transitar este camino, primero de normalización, y luego de consolidación institucional. Así se empezaron a discutir algunos temas para mejorar las democracias, como la reforma política y del estado, que en distintas proporciones incluían temas como la selección de candidatos y el financiamiento político, entre otros.

Pero, ¿cómo está hoy este tema en la región?

Consultado por Opinión Sur Joven, Claudio Trombetta, coordinador del cuerpo de auditores de la Cámara Nacional Electoral argentina explica: “México es quien lleva la delantera entre los países latinoamericanos. Allá tienen una agencia electoral específica que brinda una amplia información sobre el financiamiento partidario. Brasil también tiene este tema bastante desarrollado”. En Argentina en cambio el control está a cargo del Poder Judicial.

Sin embargo, el éxito de estas políticas no sólo dependen de la iniciativa estatal: “Donde la ciudadanía no pone el interés, el tema queda sujeto al manejo discrecional de algunos actores”, concluye Trombetta.

Por su parte, Laura Alonso dice que “estamos más atrás que los EEUU y México, pero mejor que otros países latinoamericanos en lo referente a la regulación. Pero el problema es que hoy los partidos no tienen incentivos para ser transparentes”.

“La cuestión de fondo no es que haya irregularidades sino cuál es la reacción social frente a los hechos”, opina Delia Ferreira Rubio y coincide en que en materia de legislación Argentina no está mal. Sin embargo critica las percepciones de la gente en torno al tema. “El llamado ‘robo para la corona’ es el financiamiento ilegal de la política. Está instituida la idea de que si ‘roban pero hacen’ no hay problema. Y eso en Argentina y Latinoamérica no incentiva a los partidos a ser más transparentes.”

La tolerancia del llamado “robo para la corona” nos muestra una dimensión no tenida en cuenta hasta el momento: la cultura política. “Si el deporte nacional es evadir impuestos tendríamos que preguntarnos de dónde van a salir políticos distintos a nosotros. Al fin y al cabo, no tenemos los políticos que nos merecemos sino los que se nos parecen”, concluye categórica Ferreyra Rubio. Pero no todo es tan sombrío para la especialista: “Hay que dar una batalla cultural para construir más y mejor ciudadanía, y tenemos que reconocer que desde 1983 al 2007 hemos avanzado muchísimo”.

Educar para el cambio cultural parecería ser el lema. Pero más allá de lo cultural, también fallan los controles o la aplicación de las sanciones correspondientes a quienes no respetan la legislación.

¿Quién pone la plata?

Hasta aquí podemos decir que el financiamiento es toda la política de ingresos y egresos de los partidos tanto para sus actividades electorales como permanentes. También diferenciamos dos canales principales que nutren las finanzas políticas: los fondos públicos y los aportes privados.

Actualmente, a partir de 2007 contamos con los fondos necesarios para realizarla”, dice y agrega que perder una elección está íntimamente relacionado con los recursos disponibles para hacer campaña, debido en gran parte al rol que juegan los medios de comunicación. Sólo tenemos que imaginar cuánto pueden salir los segundos de aire en televisión y radio o la publicidad en medios gráficos.

En la Argentina están comenzando a tomarse algunas medidas al respecto: “Este año vamos a contar con una auditoría de medios de comunicación en los distritos más importantes del país para los formatos de televisión, radio, diarios y vía pública”, cuenta Trombetta. “Antes no se había hecho por falta de presupuesto, pero que hubo pedidos de informes a los medios por parte de los jueces con competencia electoral y se encontraron “diferencias importantes entre lo declarado y lo real”.

La necesidad de financiamiento lleva a los partidos políticos a que muchas veces estén dispuestos a casi todo con tal de poder contar con los recursos adecuados para afrontar las cada vez más onerosas campañas. Esta actitud los vuelve vulnerables frente a sectores de interés que disponen de dichos recursos, por lo que su conducta puede terminar bordeando la corrupción o el tráfico de influencias.

“Es importante llevar un registro de quiénes están detrás de los candidatos, porque no es honesto que un político hable en contra del cigarrillo y reciba aportes de las tabacaleras. También habría que prohibir que las empresas contratistas de servicios públicos estatales puedan destinar fondos para la política”, opina Ferreyra Rubio.

¿Qué sucede en otros lugares del mundo? En Gran Bretaña, durante la última semana de elecciones, y cuando las arcas partidarias están exhaustas, un empresario puede donar u$s 1.000.000 de dólares sin ningún problema, pero es algo que se hace público. En los EEUU, si uno escribe Bill Gates en un sitio gubernamental aparece cuánto y a favor de quién donó dinero. Hay un mayor acceso a esa información, aunque todavía haga falta trabajar sobre la calidad de la misma. “Al partido del entonces vicepresidente Al Gore le aplicaron una multa porque el candidato había utilizado los teléfonos de la Casa Blanca para la campaña presidencial. Algo similar le sucedió a Clinton mientras era presidente ya que ofrecía pasar la noche en la habitación de Lincoln en la Casa Blanca a cambio de dinero para su campaña”, ejemplifica Ferreyra Rubio. Esto nos demuestra que si bien hay matices, el problema del financiamiento político es universal.

Son muchas las cosas que se pueden hacer para incrementar la transparencia en el financiamiento. Para empezar, podríamos tratar de contestar una pregunta: ¿Cuánto se gasta en política partidaria y electoral en América Latina? Aún hoy, el interrogante sigue sin respuesta.

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+Info

Ferreira Rubio, Delia “Financiamiento de los partidos políticos en la Argentina”, (Asunción del Paraguay, ponencia para el Seminario Internacional de Financiamiento Político y Sistemas Electorales, 30 de Julio de 2007). Un completo resumen académico sobre el financiamiento de las campañas y los partidos políticos en nuestro país.

Griner, Steven y Zovatto, Daniel “De las normas a las buenas prácticas: El desafío del financiamiento político en América Latina”, (Costa Rica, OEA – IDEA, 2004). Gran trabajo de investigación de un grupo de especialistas que desglosa por regiones y temas el análisis de la problemática en Latinoamérica.

UNA PELÍCULA: “Colores primarios”, (EEUU, Drama, 2003). Una entretenida historia que muestra el lado oscuro de las campañas presidenciales en los Estados Unidos, donde el candidato es una pyme que sueña con llegar a convertirse en multinacional. Cualquier similitud con la realidad, es pura coincidencia.

[1] una ONG dedicada a promover las buenas prácticas en ámbitos gubernamentales

[2] consultora de la OEA, el BID y Transparencia Internacional sobre temas relacionados al financiamiento político