Finalmente, el Partido de los Trabajadores de Brasil logró triunfar en las elecciones, sin la presencia de su líder, Luiz Inácio “Lula” da Silva, como candidato, aunque deberá jugar un último match en el ballotage. El 79% de los brasileños considera que su gestión fue excelente o buena y logró transmitir su popularidad a su candidata y presidenta electa. Las incógnitas sobre el futuro.

Ilustración: Romina Marchetti

No pudo ser en 1989, ni en 1994 y tampoco en 1998. Pero el 27 de octubre de 2002, el hombre al que todos conocían como Lula, conquistó el puesto más alto de la función pública de su país. Luiz Inácio “Lula” da Silva asumió la presidencia de la República de Brasil el 1 de enero de 2003, luego de obtener el 46,4% de los votos, exactamente el doble de lo que obtuviera el segundo candidato, José Serra, del conservador Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener diploma superior, gano mi primer diploma de Presidente de la República de Brasil” exclamó entre lágrimas el fundador e histórico dirigente del Partido de los Trabajadores (PT).

Pero Lula no se conformó con esos 39 millones de votos y superó esa cantidad cuando fue reelecto en octubre de 2006, esta vez con 48,6% de los votos (¡46 millones de personas!).

Lula ya no pudo repetir la proeza. La constitución brasileña le prohíbe tener un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, otras cifras lo dejan como el gran ganador de los últimos comicios: el 79% de los brasileños considera que su gestión fue excelente o buena, según datos difundidos por la encuestadora Datafolha en agosto de 2010. Su tasa de aprobación es tan alta que se derramó sobre su delfín para las elecciones. Dilma Rousseff, actual jefe de gabinete del gobierno de Lula, fue la elegida por el mandatario para representar la continuidad del modelo que, hasta ahora, brindó resultados positivos. A pesar de no contar con un fuerte conocimiento en la ciudadanía en general, Rousseff logró, gracias a la inercia de Lula, alcanzar casi el 47% de los votos. Esto es 14 puntos por encima de su principal rival, nuevamente el conservador Serra.

¿Cuáles son las claves de Lula para entender un nivel de popularidad que pocos mandatarios han alcanzado?

Lula es del pueblo

Willams Gonçalves, profesor en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, explica que la sociedad brasileña se siente identificada con su presidente. “Lula es un hombre del pueblo. Entiende las necesidades y habla como el pueblo” afirma Gonçalves. “Cuando el presidente cometió errores, tanto fácticos como de discurso, por falta de formación tradicional, recibió críticas de la clase media ilustrada. Sin embargo, esas objeciones no dañaron la imagen de Lula frente al pueblo en general.”

Pero no sólo su comportamiento simple y directo le granjeó el amor popular, sino también sus planes sociales destinados a reducir la brecha entre ricos y pobres. Uno de los más conocidos es el Programa Bolsa Familia que implementó apenas llegó al poder y que, según datos oficiales, beneficia a 12 millones de hogares. El programa brinda a familias en situación de pobreza o extrema pobreza una asignación de entre 22 a 200 reales por hijo (lo que equivale 13 y 115 dólares aproximadamente).

Gracias a esta y otras medidas, 30 millones de personas entraron a la clase media y 19 millones de personas lograron salir de la extrema pobreza durante sus dos presidencias, según un estudio del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas (CPS-FGV) y publicado por el diario argentino Clarín. Más aun, el impacto en la redistribución de la riqueza fue notable: el 40% más pobre aumentó su patrimonio en un 3,15% ientras que el 10% más rico alcanzó el 1,09%, siempre de acuerdo al CPS-FGV.

Pero no todos concuerdan con esta visión. Daniel Rittner, periodista del diario Valor Económico, advierte que, a pesar de que durante la gestión Lula hubo una drástica reducción de la pobreza, “los avances en educación son demasiado lentos y se está creando el riesgo de una generación de individuos estado-dependientes”. Además, Rittner sostiene que el éxito de Lula se debe en parte a su antecesor Fernando Henrique Cardoso: “Lula dejó todo su radicalismo del pasado, supo controlar a los sectores más extremistas del PT y optó por seguir el camino de estabilidad que tuvo comienzo en las dos gestiones anteriores”, opina.

Brasil y el mundo después de Lula

Pero más allá de todos estos logros Lula deberá pasar el mando el próximo 1 de enero y mucho se especula sobre el futuro de las relaciones externas de uno de los países emergentes con mayor peso en el escenario mundial. Según los especialistas, el modelo seguramente continuará bajo la batuta de Rousseff, quien salvo un cataclismo ganará en la segunda vuelta. “No habrá cambios en la política externa. La línea será la misma” sentencia Gonçalves. Mónica Hirst, profesora de relaciones internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina), coincide con su colega y añade que “se profundizará simultáneamente la integración de Brasil con el Mercosur y con el mundo”.

Rittner acuerda parcialmente: “Roussef deberá dar continuidad a una política de acercamiento a los vecinos del Mercosur y mantener una relativa tolerancia a las medidas comerciales proteccionistas del gobierno argentino”. Pero en el plano mundial Rittner se permite dudar del nuevo escenario: “¿En qué medida la proyección de Brasil en los últimos años tiene que ver únicamente con su crecimiento y en qué medida con el marketing personal de Lula? Roussef no tiene ni el carisma ni la historia de vida de Lula. Sin él se podrá ver más nítidamente cual es en verdad el nuevo rol de Brasil en la geopolítica internacional”.

El domingo a las 17 horas de Brasil, cuando cierren las urnas, se conocerá la preferencia de los más de 130 millones de electores. Todas las encuestas indican que Rousseff obtendría la mayoría absoluta y que no habrá necesidad de volver a votar en una segunda vuelta el 31 de octubre.

Lo único que quedará por verse es el futuro del propio Lula. Aunque se comentan varias opciones, todos concuerdan que Lula no se conformará con ser un ex mandatario de bajo perfil. Y la gran pregunta es, si con 67 años, planea volver a presentarse en las elecciones de 2014. En una reciente entrevista al canal de TV Record de San Pablo, el presidente entreabrió una puerta: “Mi respuesta es no, lo digo con el corazón. Pero en política nunca se puede decir que no”.

Ilustración: Romina Marchetti

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