¿Tenés alguna idea innovadora y brillante que cambiará el mundo? ¿Creés que tenés en tu cabeza un negocio brillante que cambiará tu vida? ¿o que vas a tener una fábrica que emplee a 1000 personas?. El problema es que para todo eso vas a necesitar dinero para arrancar. Acá te contamos dónde conseguirlo. Aunque te aclaramos: el camino no es sencillo.

Todos vivimos en micromundos, burbujas que nos impiden ver a nuestro alrededor. la principal traba (o desafío) para un joven que quiere arrancar con un emprendimiento es conseguir el dinero para arrancar. Todos vivimos en micromundos y por eso, no estoy seguro de que la frase que escribí en negrita sea cierta, o si es parte de mi micromundo -probablemente similar al tuyo-; micromundo joven en que todavía hay una parte del universo que no descubrimos.

Nuestra región es de las más pobres del planeta. Sus índices de pobreza son alarmantes, pero probablemente lo más llamativo sea la desigualdad vigente: la brecha entre los que más y los que menos tienen. Para revertirla se necesita urgentemente de empresas que den trabajo. Los jóvenes podríamos ser locomotoras en este proceso.

Pero nuevamente aparece un problema: money, guita, plata, recursos, capitales, kesef, chirolas, morlacos, lana, centavos, luz, cuartos, moneda, pasta, efectivo, parné, peculio, posibles, fondos, billete, pelas, papeliza, “Arturos y Gabrielas”… en síntesis, de dónde sacar dinero para arrancar.

Tres F

Según expertos de la jerga empresaria, todo negocio suele comenzar con dinero propio. En general aquellos que tenemos menos de 30 no hemos tenido suficiente tiempo para juntar ese capital inicial (sé que algunos sí pudieron; ¡bien por ellos!) con lo cual el “propio” suele ser “prestado”. Los yankies suelen decir que el inicio de cualquier empresa se hace con dinero de las tres efes: familiy-friends-fools (familia, amigos y tontos).

Pedir prestado a un conocido, sabiendo incluso que muchas veces no se podrá devolver lo solicitado, puede resultar un tanto incómodo. Sin embargo, no se debe descartar esa opción. Es importante explicarle claramente a esa persona para qué se va a usar el dinero y cuáles son las chances de que éste sea devuelto. Más abajo te damos algunos consejitos para enfrentar a alguien -conocido o no- y pedirle que haga un desembolso. De todas formas siempre conviene asesorarse con expertos respecto a la viabilidad del proyecto a encarar y -de ser posible- siempre es una buena opción que quienes te aportan el dinero sean incorporados como socios.

Mientras juntás coraje para ir a manguear (solicitar, pedir dinero) también tenés que saber que existen otras formas de financiamiento. Un crédito bancario puede ser una opción. También hay subsidios gubernamentales y muchos concursos y aplicaciones de fundaciones, ONG’s o incluso algunas empresas.

En cuanto a lo bancario hay distintos planes para jóvenes empresarios. El sitio web Emprender-online cuenta algunas de éstas formas. En el caso de emprendedores argentinos el camino más sencillo es el Banco Nación que actualmente tiene dos planes: el Fomicro y Créditos a las Pymes. Te prestan entre 3000 y 30.000 pesos a sola firma, que podés devolver en hasta cuatro años y con un período de gracia de seis meses.

El segundo banco es el Ciudad, siempre y cuando lo que quieras hacer sea en Buenos Aires. Sino, te recomendamos ir al banco provincia de tu distrito. Por ejemplo el Bapro (Banco Provincia de Buenos Aires) da créditos de hasta un millón de pesos. Por último está el Credicoop, con presencia en todo el país y en Uruguay que ofrece créditos de hasta 500 mil pesos a cinco años y con tasas que van del 8 al 13%. Otros bancos tienen buenos planes, aunque sus condiciones son menos públicas y se adaptan a cada necesidad.

¿Esperar sentados?

Otra opción es aplicar a los mil y un concursos que andan dando vueltas por ahí. De éstos existen dos tipos. Los que tienen una fecha de cierre fijo y los que están abiertos todo el año. Los primeros suceden una o dos veces en el año, se presentan las propuestas y se eligen las mejores; en los segundos podés aplicar cuando quieras y la selección es por proyectos o hasta que se acaben los fondos.

Siempre hay que armarse de paciencia. Si hablamos de ONGs es importante tener en cuenta que suelen pedir muuuuuuuuuuuuuuuuuuuchos datos. Y el proceso de selección suele ser muy largo. No obstante vale la pena, porque si la propuesta es buena -y tenés suerte- las condiciones son muy ventajosas: desde créditos blandos, ayudas no económicas hasta premios sin devolución.

Los microcréditos son también una forma de conseguir dinero. Sería algo para una etapa inicial del proyecto, y reemplazaría de algún modo a las tres F.

Los microcréditos o microfinanzas son un sistema que cobró fuerza gracias al impacto que éstos tuvieron en Bangla Desh, gracias a quien fuere su máximo impulsor, Muhammed Yunus: se trata de pequeños préstamos que se le hace a la gente menos pudiente para que pueda comenzar o mejorar un emprendimiento productivo. Se prestan entre 100 y 1000 dólares, que no pueden ser utilizados con fines personales sino profesionales. Organizaciones intermedias (que pueden ser bancos, fundaciones de desarrollo u ONGs) se encargan de ir administrándo esos microcréditos que se devuelven a razón de ocho pesos por semana (en caso de tomar el préstamo mínimo). ¿Te interesa saber más sobre esto? Aquí te ofrecemos una nota del número anterior de Opinión Sur Joven sobre microcréditos, que te puede escalarecer bastante. Las tasas de interés de estos microcréditos oscilan entre el 20 y 30% anual. Si bien hay instituciones que les dan microcréditos a cualquiera, existen otras que sólo les dan a quienes integran la base de la pirámide. Abajo, te listamos dónde conseguirlos.

Segunda fase

Si tuviste suerte y tu empresa comenzó a crecer, seguramente vas a necesitar más capital para seguir desarrollándola. Por supuesto, que dependerá del rubro en que te encuentres, pero siempre la dinámica es parecida. El crecimiento, como en la vida, produce crisis: y de esas crisis sólo se sale con más capital para absorber ese crecimiento. Tal vez se necesite una máquina para producir más en menos tiempo y poder cumplir con todas las ventas que se presentan; o quizá la clave sea contratar más vendedores, o más mercadería… sea como fuere, en muchos negocios se hace imprescindible invertir más dinero para obtener mejores resultados.

Y en general, en una segunda etapa (o tercera, según el caso) los montos a invertir tienen como base los 20 mil dólares. Si la primera etapa se arrancaba con el propio dinero, el de familiares y amigos, ahora será casi imposible recurrir a los conocidos (si conocés a alguien dispuesto a invertir entre 20 mil y 100 mil verdes, avisanos, que siempre viene bien tener su teléfono).

Aquí entra en juego lo que se denomina “capital semilla”: se trata de un dinerillo que convierte a tu emprendimiento en una Empresa con mayúscula. Para esto, se suele asociar a alguna persona que actúe como “Inversor Angel”. ¿Qué es un inversor ángel? Se trata de una persona con experiencia en negocios que esté dispuesta a aportar dinero, pero además a asociarse con su experiencia al proyecto. No sólo entrega capital sino también consejos, abogados, contadores y otra batería de cuestiones que son absolutamente necesarias. “Es gente que tiene un capital, que ya ha hecho dinero con su empresa o que tiene un patrimonio preexistente, y que al hacer estas inversiones, no van a poner en riesgo su propia supervivencia”, explica Eduardo Remolins, presidente de Sur Norte Inversión y Desarrollo y coordinador de la Red de Inversores Angeles de Rosario. “Los inversores ven cuánto es el dinero que se está pidiendo. A veces el emprendedor sabe mucho pero a la hora de decir cuánta plata, no tiene bien los números. También quieren saber cuál es la participación que se le ofrece, cuál es el producto, qué es lo que tiene de particular, qué necesidad resuelve, cuál es el mercado, cómo vas a llegar a ese mercado y cuál es el equipo de gente”.

Asociarse con alguien -sea un inversor ángel o no- siempre trae sus riesgos: uno deja de tener el 100% de una empresa y pasa a ceder alguna parte. A la hora de tomar alguna decisión es importante saber que se trata de una inversión: es cierto que se perderá poder, pero no es lo mismo tener el 100% de 10 pesos que el 10% de un millón de dólares. “En Argentina el emprendedor, mira con un poquito de desconfianza si alguien le va a comprar su empresa”, cuenta Eduardo, quien sin embargo dice que hay que superar esos escollos.

-¿Cómo es el rol de confianza entre el emprendedor y el inversor?

-Tiene que haber química casi inmediatamente, porque no te olvides que van a ser socios. El emprendedor sabe que está comprando un socio y tiene que tenerle confianza y respeto. Tiene que estar convencido de que le va a aportar algo más que dinero. El inversor sabe que invierte en una persona y no en un proyecto o empresa. Porque los que saben de este tema dicen que la mejor idea de negocio con un conductor mediocre, se puede ir a la quiebra. Pero una idea de negocio mediocre con un buen implementador puede ser un éxito. Una de las cosas que más miden es cuál es el grado de compromiso que el emprendedor tiene con su propia idea. Cuando ven que una persona está convencida de lo que va a hacer es casi seguro que le vayan a dar el dinero.

El Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE) de la Universidad Austral también tiene un club de inversores ángelesque recibe proyectos todo el año. Mariano Ruani, su coordinador coincide con Remolins respecto a lo que buscan los inversores: “Principalmente la propuesta tiene que tener un buen potencial, se busca algo innovador, algo que los diferencie para poder aprovechar ese potencial. Pero lo más importante es el emprendedor: la empresa va a estar en un entorno bastante dinámico, y por ahí en seis meses la realidad cambia. Por eso el inversor no va a invertir si no ve que la persona no es capaz de reaccionar y cambiar los planes sobre la marcha”.

Si bien puede sonar exagerado para la etapa en que seguramente estarán los emprendimientos de nuestros lectores -en caso de que los tengan- vale decir que si la empresa sigue creciendo, va a necesitar seguir nutriéndose de capital. Para esto se debe abandonar a los inversores individuales (como son los ángeles) y pasar a capitalizarse a través de un fondo de inversión. ¿Qué es esto? Se trata de un grupo de personas que se agrupan y conforman una pequeña cuenta que invierte en una o varias empresas, aunque ya no a título personal. Y por último si la empresa sigue creciendo, podría capitalizarse a través de la salida a la bolsa.

Pero nos estamos anticipando: ¿Cómo se presenta un plan de negocios ante un inversor?

¿Cómo presentar un negocio?

El Club de Inversores Angeles del IAE está todo el año abierto a nuevas propuestas. Inicialmente piden un resumen ejecutivo, que te podés bajar abajo al fnal del artículo. Piden entre otras cosas conocer información sobre el equipo directivo, los socios, los objetivos financieros, el número de empleados, el uso que se dará a los fondos, la historia de la compañía, el servicio que ofrece, los mercados, canales de distribución, competencia y proyección finaciera. Cada ítem se debe detallar en no más de 200 palabras. Por último hay que indicar la tasa de retorno proyectada para la empresa y el inversor.

Si bien esto es un requisito para aplicar en el Club de Angeles, en realidad el formulario puede ser usado con cualquier inversor, banco, ONG o socio al que se le quiera vender la idea. Remolins sugiere para esto el ejercicio del ascensor: se trata de pensar qué se le diría a una persona a la que uno se encuentra en un ascensor y le tiene que contar toda la propuesta en dos minutos.

En un artículo de Opinión Sur, Eduardo dice que hay siete pasos para convencer a alguien de que invierta: definir tu empresa para se entienda con claridad de qué se trata el negocio en cinco líneas, explicar qué necesidad satisface, describir el producto, explicar cómo se promoverá y se venderá, cuál es la estrategia después del lanzamiento, cuánto se piensa recaudar, gastar e invertir y presentar los perfiles y antecedentes de las personas que lo llevan adelante.

Más allá de preparar una presentación es importante elegir y tener en cuenta ante quién se presentará. No es lo mismo llevarle un proyecto industrial a un empresario gastronómico que hacerlo ante el dueño de una automotriz.

Como en todo proceso emprendendor, lo más importante es animarse. Recordar que es uno el que tiene que ir a la oportunidad y que sólo así la oportunidad vendrá hacia uno. Animarse a tocar puertas, a ser rebotado, a volver a intentarlo.

Todos vivimos en micromundos. En nuestro micromundo, el joven, hay tareas que parecen faraónicas. Para otros -los del micromundo empresarial- esas cosas pueden llegar a ser pan comido. La pregunta es cómo unir a esos dos universos. ¿Cómo unir a quienes tienen ganas de emprender con aquellos que tienen los recursos materiales e intelectuales para ayudarlos a emprender? Seguramente la respuesta a ese interrogante resuelva muchos de los problemas que tenemos [1]. Seguramente esa pregunta deberá seguir siendo respondida en próximos envíos.

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