Adios a Ernesto Cohen.

Una evocación formulada por Gaby, su hija, y otra por Armando Di Fillippo en representación de sus amigos.

De Gabriela, Su hija.

Papi:

Pasaste por esta vida y dejaste tu huella. Escribiste un libro que marco una diferencia en tu campo, plantaste (o mandaste a plantar) al menos un árbol, y tuviste una hija. Algunos te recordaran como un profesor brillante, como un intelectual destacado, como un amigo siempre alegre y generoso. Yo te voy a recordar como un gran padre. Me enseñantes el valor del esfuerzo, la importancia de la compasión, la generosidad, la amistad y el amor. Te admiro por todo lo que fuiste y ojalá pueda ser yo lo mismo para tu nieta. Ahora estas con tu mama, tu hermana, y los amigos que partieron antes que vos. Voy a extrañar nuestras largas conversaciones, tus sabios consejos, nuestros planes, pero sobre todo voy a extrañar tu risa tan frecuente y única, y tus abrazos fuertes que siempre me despeinaban. Te voy a extrañar y querer siempre. Algún dia nos volveremos a encontrar.

De Armando Di Fillippo

Hoy despedimos a nuestro común amigo Ernesto Cohen.
Él fue una enorme figura intelectual. No necesito decirlo ante este auditorio. En una fecunda asociación científica con Rolando Franco, y otros pensadores, algunos de ellos aquí presentes, sus libros han educado y seguirán educando a sucesivas generaciones de académicos y planificadores sociales.
Se preocupó por la satisfacción concreta de las necesidades humanas, y, sus métodos y técnicas han aliviado y seguirán aliviando la vida de miles de personas en el campo de la salud, la nutrición, y la educación en muchos países de América Latina y del mundo
Sus trabajos nunca fueron retóricos ni puramente especulativos. La OEA, el BID, la CEPAL, el Banco Mundial y los gobiernos de América Latina se beneficiaron de ellos.
Si, como dicen, obras son amores, a través de ellos Ernesto expresó un amor objetivo a los desposeídos y carenciados de América Latina.
Cuando hace apenas dos meses, el gobierno de México le rindió un homenaje a sus enormes contribuciones académicas y prácticas, cuentan quienes presenciaron ese emotivo momento que, haciendo un balance personal, Ernesto rescató como principal y más valioso logro, no su sabiduría y conocimientos técnicos, sino el amor y la amistad de quienes lo habían acompañado a lo largo de su vida.
Ernesto fue un líder natural, y muchos en nuestras vidas personales nos beneficiamos de su consejo y orientación.
Ernesto fue un hombre que se hizo querer. Fue un gozador de la vida sin complejos ni hipocresías. El no fue austero ni ascético. Nada de lo humano le fue ajeno. Fue un seductor y tentador que invitaba a compartir con generosidad y alegría, suculentos asados y parrilladas dionisíacas regadas de buen vino.
Sus carcajadas eran tan inconfundibles y vitales que aún resuenan en nuestra memoria.
Ernesto, durante cincuenta años fue mi amigo, mi condiscípulo, mi confidente, mi consejero, mi compinche de aventuras y conquistas juveniles. Juntos forjamos proyectos e ilusiones, y juntos salimos a conquistar el mundo. Él fue testigo de los amores y dolores de mi vida y yo fui testigo de los suyos.
Para mis hijos fue un segundo padre.
Ernesto me enseñó que la amistad es la forma superior del amor. Hoy cosecha aquí el amor que supo sembrar.

Armando Di Filippo
Agosto 28 de 2010

 

 

 

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