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Revista Mensual y Gratuita
Nº72, agosto 2009

Desarrollo

Ajuste estructural en países centrales: implicaciones para el Sur

Roberto Sansón Mizrahi

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Comienzan a percibirse ajustes estructurales en los países centrales. Uno de ellos es que los Estados Unidos -y quizás otros países centrales- emerjan de la crisis con una economía aún menos trabajo-intensiva que lo que era en el 2007. ¿Cómo impactará este fenómeno la estructura socioeconómica estadounidense de poscrisis? Que se acelere o revierta el proceso de concentración económica dependerá no sólo de la dinámica interna sino, en buen grado, de la evolución del contexto externo y, muy especialmente, de cómo en definitiva se asignen los ingentes recursos comprometidos para encarar la crisis y facilitar una salida ¿Qué entraña todo esto para los países del Sur?

Una información que llega de los Estados Unidos señala que la pérdida de empleos generada por la crisis desde diciembre de 2007 fue mayor que el ritmo de la contracción económica: la tasa de desempleo estadounidense subió cinco puntos porcentuales mientras que la economía se contrajo alrededor de dos puntos y medio. De esto puede inferirse que (i) las empresas han enfrentado la crisis abatiendo costos pero, en especial, desprendiéndose de personal y/o (ii) las empresas más intensivas en fuerza de trabajo (generalmente pequeñas y medianas) han sucumbido más que las demás. En todo caso, lo que estaría ocurriendo es la reducción de la masa salarial respecto al PBI y del peso relativo en el aparato productivo de las pequeñas y medianas empresas. Ambas causales conducen a un mayor grado de concentración económica.

Con estas nuevas tendencias ¿cómo emergerá la economía estadounidense de poscrisis y qué entraña para los países del Sur?

Impacto en la economía de Estados Unidos

Desde la perspectiva de las empresas significa que son capaces de producir con una relativamente menor dotación de personal; es decir, logran aumentar la productividad del trabajo. El efecto de la reducción de este rubro de costos podría traducirse en una mejora de la tasa de ganancia aunque, por cierto, los resultados que en definitiva se alcancen dependerán también de los ingresos que logren obtener en el transcurso de la salida de la crisis.

A nivel sistémico el aumento de la productividad laboral podría marcar un importante cambio estructural y es que los Estados Unidos -y quizás otros países centrales- emerjan de la crisis con una economía aún menos trabajo-intensiva que lo que era en el 2007.

Si esto así sucediera el impacto se irradiaría en varias direcciones: por un lado, al recuperarse la economía a mayor ritmo que el empleo, la masa de desocupados reduciría las presiones salariales permitiendo consolidar la mayor tasa de ganancia corporativa. Esto facilitaría la capitalización de las empresas y una dinamización de la economía sustentada en una renovada concentación de los resultados del proceso productivo.

Sin embargo, por otra parte, un relativamente lento ritmo de expansión del mercado laboral implicará una más lenta recuperación de la demanda interna ya que la contención salarial se traduciría en un menor consumo. Esto, a su vez, tiene un doble efecto: reduce la presión inflacionaria (lo cual asegura mayor estabilidad de precios y hace menos probable una suba en la tasa de interés) pero, al mismo tiempo, compromete la colocación de la creciente oferta productiva. Es difícil estimar el resultado neto de estas fuerzas encontradas.

Considerando las pocas variables analizadas podría aventurarse que el ajuste estructural en curso serviría en el corto plazo a las empresas para recomponer su tasa de ganancia en base al aumento de la productividad del trabajo; esto se lograría a costo de sacrificar necesidades de los consumidores y de incrementar el riesgo de mediano plazo al reducir el vigor del mercado interno. Este tipo de salida de la crisis llevaría a reproducir o a incrementar el proceso de concentración económica.

Valdría ahora integrar al análisis otras dos críticas variables: lo qué sucede en el resto del mundo (contexto externo) y la reacción de los gobiernos de los países centrales y cuál termina siendo el impacto sistémico de las medidas que adoptan para encarar la crisis.

El contexto externo

En los demás países centrales, aunque con algunas variantes, la situación tiende a ser semejante. La crisis posibilita en ellos un incremento de la productividad del trabajo y las políticas de recuperación llevan a un contexto de mayor competitividad y concentración.

En cambio, los grandes países emergentes (Brasil, Rusia, India y China) más el sudeste asiático procuran con medidas internas más enérgicas preservar el nivel de ocupación, la masa salarial y su mercado interno. De esa forma encaran eventuales tensiones sociales y posibilitan una más rápida recuperación económica. El crecimiento de su mercado interno implica también la absorción de exportaciones provenientes de los países centrales y, en ese sentido, las economías emergentes facilitarían el ajuste estructural de las economías de Estados Unidos, Europa y Japón: la menor intensidad de uso de su fuerza de trabajo podría en algún grado compensarse con un mayor nivel de actividad productiva traccionada por el mayor dinamismo del mundo en desarrollo.

Con el tiempo esta situación podría beneficiar aún más a las economías centrales. Es que, por un lado y como se indicó, al aumentar la productividad del trabajo y contenerse la expansión salarial en los países centrales, éstos logran aumentar la tasa de ganancia, es decir la productividad del capital. En cambio, por el lado de los países emergentes, al no producirse en esa misma proporción el aumento de la productividad del trabajo (el empleo acompaña mejor el ciclo productivo) ni tampoco la reducción de la presión salarial (sostenida por una menos golpeada dinámica productiva y la más firme defensa del empleo que practican sus gobiernos), el resultado es que poco se altera la productividad del capital. De esta forma, tendería a reducirse la brecha en la productividad del capital entre países centrales y emergentes y, con ello, los eventuales flujos de inversión que se orientan a unos y otros.

El impacto de las medidas para encarar la crisis

Sin embargo, en este análisis no se incluyó aún el impacto, el enorme impacto, de las medidas que los gobiernos de los países centrales están tomando, y todo hace suponer que seguirán tomando, para encarar la crisis y facilitar una salida.

La administración Obama y varios gobiernos europeos vuelcan enormes recursos para reactivar la producción a través de financiar obra pública y recuperar el flujo crediticio. Con ello ayudan a movilizar el aparato productivo para aminorar la caída y comenzar la recuperación. El consumo interno también acompaña el proceso pero, por aquel ajuste en la productividad del trabajo, a tasas más reducidas.

¿Qué resulta de este tipo de medidas? Como la sabiduría popular afirma, la trampa está siempre en los detalles. En este caso, en determinar qué obra pública se financia porque, si bien cualquier obra pública tiende a reactivar, no todas tienen el mismo impacto en el empleo ni los mismos efectos multiplicadores. Esto dependerá del tipo de obra pública que se financie, la tecnología más o menos intensiva en trabajo que se utilice y quiénes sean en definitiva los contratistas y proveedores que las ejecuten. Cada obra pública satisface diferentes objetivos, sirve a diferentes segmentos poblacionales y promueve diferentes nodos de acumulación (quiénes acumulan y, en consecuencia, tienen mejores condiciones para crecer).

Si la obra pública lograse absorber el empleo que deja inactivo la estructura productiva ahora menos intensiva en fuerza de trabajo y si volviese a fluir el crédito en la medida requerida por la actividad productiva, entonces en el transcurso de la recuperación se podría tanto lograr una mayor tasa de ganancia corporativa como un más pleno nivel de ocupación. Obviamente que si el tipo predominante de obra pública impulsada por las medidas gubernamentales no lograse absorber en la magnitud requerida aquel empleo que la iniciativa privada deja de utilizar y si, por su parte, las corrientes crediticias no pudiesen recomponerse en la medida necesaria para movilizar a pleno al aparato productivo, los resultados serían entonces negativos tanto en términos de empleo como de una mayor concentración económica.

Implicaciones para las economías emergentes

El sistema económico internacional se dirige hacia una reestructuración sistémica cuya definición se mantine abierta porque la pugna entre las partes no terminó de definirse.

(i) La restructuración podría profundizar la concentración económica reproduciendo los peores efectos de la presente forma sistémica de funcionar: inestabilidad internacional y al interior de los países, creciente destrucción ambiental, desigualdad de niveles de vida y de oportunidades, pobre representatividad y problemas de gobernabilidad, corrientes migratorias no deseadas.

Esto ocurriría porque las diferencias entre países y dentro de los países se mantendrían o agravarían. En esta trayectoria las empresas de países centrales ajustan costos laborales mejorando su productividad y competitividad. Al mismo tiempo, como también harían crecer la desocupación, los países centrales se verían forzados a desplegar una mayor agresividad comercial externa. Esto implica mayor competencia a la producción del Sur y más duras negociaciones internacionales.

Por su parte, de reactivarse la producción sin afectar el patrón consumista prevaleciente se estaría desaprovechando la oportunidad para cambiar hacia un consumo responsable. Ese cambio en la naturaleza de la demanda permitiría ofrecer nuevas señales al aparato productivo orientándolo hacia una producción social y ambientalmente responsable que, a su vez, favorecería un desarrollo científico y tecnológico volcado al bien común y no a la sola maximización de ganancias. Al no transformarse el patrón de consumo y, por tanto, la composición de la oferta productiva, el derroche de recursos y la destrucción ambiental continuarían su marcha ascendente afectando al planeta como un todo.

(ii) Pero la crisis es también una oportunidad para ajustar el rumbo y mejorar la forma sistémica de funcionar de los países centrales. Si las medidas para encarar la crisis no manejasen tan sólo magnitudes agregadas sino que prestasen particular atención al tipo de obra pública a financiar con recursos públicos, se podrían escoger aquellas obras que, al mismo tiempo, se orientasen a satisfacer necesidades populares, utilizasen tecnologías relativamente más intensivas en fuerza de trabajo y asegurasen la mayor participación posible de pequeños y medianos contratistas. Del mismo modo, al recuperar el sistema financiero y recomponer los flujos crediticios se podría colocar mucho mayor énfasis en atender la base del aparato productivo.

De esta forma se diversificarían los nodos de acumulación posibilitando un crecimiento económico más balanceado, no concentrado, generando mayor sinergía entre pequeñas, medianas y grandes empresas. Se mejoraría el nivel de ocupación y la distribución del ingreso de los países centrales, se dinamizaría más rapidamente el mercado interno y se aportaría así una mayor contribución a la recuperación internacional. Esto facilitaría que se acelerase el desarrollo de las economías emergentes y sus sufridas poblaciones.

Un aspecto de la mayor importancia sería promover responsabilidad social y ambiental en las pequeñas empresas que emergen o se consolidan, lo cual podría irradiarse al tiempo de facilitar las condiciones financieras, tecnológicas y comerciales que requieren para funcionar. Flaco favor haríamos al desarrollo sustentable lanzando al mercado millones de nuevas empresas imbuídas de valores de irresponsabilidad para con los demás y con el planeta que nos sustenta.

Es poco probable que las opciones dicotómicas que hemos considerado se den como tales en la realidad contemporánea. Las trayectorias que en definitiva primen más bien tendrán una mezcla de circunstancias y características de ambas opciones. El desafío en esta crucial encrucijada que ofrece la crisis global es ver de sumar lo más posible hacia una forma de funcionar sustentable, lo cual implica no sólo agregar mayor potencia al crecimiento sino escoger un mejor rumbo. Y esa decisión política estará sustentada en la presente correlación de fuerzas sociales y económicas, ponderada y ajustada por la efectividad y determinación con que cada una se movilice.


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