Revista Mensual y Gratuita
Nº85, septiembre 2010
Esta sección incluye artículos referidos a trasnformaciones sociales e individuales.
La economía de USA perderá fuerza como motor de la economía global pero incrementará su competitividad como exportador de manufacturas y China la remplazará como “impulsor” de la economía global, fundamentalmente en las primeras etapas de la recuperación. En consecuencia, dada la estructura de las importaciones chinas, nos aventuramos a predecir que en el corto plazo los países productores de comoditties, fundamentalmente alimentos, energía y determinados minerales, se posicionarán en una situación claramente ventajosa a nivel mundial.
Con esta frase definió Lula da Silva el resultado de la reunión del G20. La reunión de Pittsburg selló el fin de la hegemonía de las potencias industrializadas y abrió la puerta a las naciones emergentes a la discusión de los grandes temas socioeconómicos globales. “El antiguo sistema de cooperación internacional terminó, (el G8) el nuevo sistema comienza a partir de hoy” declaró Gordon Brown. Esta apertura hacia las economías emergentes no es un acto de “generosidad política” es el resultado de una necesidad objetiva, vinculada al impostergable requerimiento de enfrentar coordinadamente una crisis global que se aproxima a una recuperación débil y frágil, que por ende requiere más que nunca de la cooperación entre veinte países que juntos representan el 90% del PBI global, el 80% del comercio internacional y un tercio de la población mundial. Hay consenso en que la salida de la crisis no podrá articularse en base a estrategias individuales, el avance de la globalización exige “estrategias de salida” coordinadas y un gran esfuerzo de cooperación en su implementación.
El fracaso de las agencias calificadoras de riesgo crediticio en predecir “defaults” contribuyó a desencadenar la crisis económica. Necesitan algo más que un tirón de orejas.
Los desencuentros traban el desarrollo de nuestros países. Es enorme la energía que se esteriliza; mientras otros avanzan perdemos oportunidades. Se aduce que los demás generan el conflicto pero todas las partes son co-partícipes del mismo. Erguirse sobre nuestros desencuentros no es algo mágico ni voluntarista. Requiere construir confianza y entendimiento entre partes que recelan entre sí; lo cual no significa forzar consensos o inventar falsas coincidencias sino alinear –no eliminar- intereses. El ejemplo de la negociación salarial.
En una crisis se pone a prueba no sólo el temple, la resiliencia, la capacidad de cada quien para sobreponerse a la adversidad, sino también nuestros valores, el espíritu gregario y la solidaridad con los demás. Hay una mayoría que pierde y una minoría que gana; algunos reaccionan con mezquindad, otros dignamente. Cuando bajan las aguas puede apreciarse quién es quién, dónde hay roca y dónde tan sólo lodo. La realidad es como es y no debiera amedrentarnos; más bien veamos como movilizar valiosos activos intangibles que son capaces de generar tremenda energía, entre otros, la capacidad de tomar iniciativa, de organizar nuevas instituciones, de generar sinergías, de sumar esfuerzos. Los cantos de sirena confunden y desvían hacia la alienación consumista, el nihilismo valorativo, la felicidad sustituta. El precio que se paga es enorme.
No se trata sólo de abatir la desigualdad y lograr mayor igualdad de oportunidades sino también de enaltecer la responsabilidad social, política, ambiental. ¿De que valdría salir del oprobio de la desigualdad para caer en el de la irresponsabilidad social, ambiental y política? El pasaje de la desigualdad a la igualdad es condición necesaria pero no suficiente para asegurar un desarrollo sustentable; debe lograrse pero, al hacerlo, habrá que cambiar valores y actitudes. La responsabilidad trae consigo una nueva serie de criterios orientadores y ordenadores de las conductas individuales que nada tiene que ver con lanzar al mercado una nueva ola de destructores del medio ambiente, de la armonía social, del respeto por el otro y de la cooperación con los demás.
Cada nueva generación de muchachos y muchachas emerge en el mundo que le toca en suerte. Está escrito que escogerán sus senderos. Saltaron sin transición a campo abierto y deambulan descuidados la pradera. Los titiriteros los cazan sin problema; siempre los tiernos son pasto fácil. Les hablaron de montañas y les dijeron que arriba había picos; y como quisieron probar les proveyeron de alturas encapsuladas. Me dijeron que sólo en la manada y con los suplementos se aplaca la soledad, la apatía, los vacíos; que el fuego de hoy quema más. Canallas que lucran con la esperanza. Muchachada que no puede imaginar las lágrimas del callejón sin retorno. ¿Cómo recibirlos y ser recibidos?
¿Quiénes participan en la toma de decisiones para salir de la crisis, qué ideas sobre enfoques y medidas predominan, cuáles finalmente se adoptarán?
Lastima la hipocresía e indiferencia de ciertos líderes corporativos; en la antesala y durante la crisis se premiaron como si no hubiesen tenido una cuota de responsabilidad en haberla generado. ¿No vimos en su momento que el rey estaba desnudo o lo vimos y callamos? ¿Hubiésemos hecho lo mismo de estar en su lugar? ¿Es una simple cuestión de oportunidad y circunstancias? ¿No importan los “otros”? Todos necesitamos encarar una profunda introspección individual, mirar también nuestra propia conducta, antes y durante la crisis; apreciar cómo reaccionamos frente a la adversidad. Salir de la crisis no se logra tan sólo de arriba hacia abajo, desde las grandes fuerzas sociales hacia cada uno de nosotros; también la acción de cada uno de nosotros cuenta Cuenta por la influencia que pueda tener sobre los procesos sociales y cuenta porque de esa interacción para labrar el destino colectivo emergen oportunidades para reorientar nuestro propio devenir individual.
Las transformaciones que deseamos no se sueñan ni se aguardan, se trabajan. Se trabaja para interpretar lo que sucede, para proyectar aspiraciones hacia un mediano y largo plazo alcanzable, para hacer converger intereses, para movilizar voluntades y para organizar la acción. El esfuerzo para construir una transformación apunta a fijar un rumbo y a asegurarle viabilidad a la trayectoria; emerge a partir de las necesidades, intereses, valores y emociones del colectivo social y se abre paso entre posibilidades y restricciones en procura de resultados que son en buena cuenta inciertos. Es un proceso complejo el que bulle en la caldera del cambio.
Intervenciones catalizadoras para ampliar el impacto de los programas de microcrédito
3/08/2010
AUDIO: Roberto Sansón Mizrahi en Tiempo Pyme
26/04/2010
16/03/2010
Promoción lanzamiento:
Colección Opinión Sur - Nuevo libro
1ro/03/2010

2/09/2009
Presentamos 3 nuevos títulos en nuestra colección.
Salir de la crisis hacia un desarrollo sustentable
La tormenta del Siglo: La Crisis Económica y Sus Consecuencias-
Crisis internacional: Ajustar el rumbo y mejorar el funcionamiento sistémico-